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Chivas del Dia

Quienes nacen en pueblos se ubican mejor que quienes nacen en ciudades

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La vida en el pueblo implica moverse entre cafetales, mandarinos, pequeños bosques y trochas. Esa acción simple y adoptada desde la niñez por quienes crecen en el campo modifica de manera sustancial sus cerebros, tanto así que su orientación espacial termina siendo mucho mejor que la de aquellos que crecen en las ciudades.

Así lo demuestra la investigación liderada por Hugo Spiers, neurocientífico y docente de la Universidad de Londres, publicada a finales de marzo en la prestigiosa revista Nature. Su nombre, Entropía de las redes de calles de la ciudad vinculada a la futura capacidad de navegación espacial.

La habilidad para ubicarse en el espacio fue evaluada en cerca de 400.000 personas, de 38 países, a través de su desempeño en el videojuego Sea Hero Quest. En él los jugadores emprenden un viaje por el mar para recuperar los recuerdos que el padre del protagonista ha perdido por la demencia. Son tres misiones en total: navegar, disparar bengalas y perseguir criaturas.

A partir de este punto el estudio es ya novedoso, señalan los especialistas consultados por EL COLOMBIANO, pues se vale de una herramienta especializada, creada con objetivos científicos, pero que aún así se mantiene en el plano del entretenimiento (ver Para saber más).

Así mismo, los resultados y datos obtenidos, además de reforzar algunas certezas que se tenían en torno al funcionamiento del cerebro, abrirían nuevas puertas para el estudio de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Así se ubica en el mundo

Caminar por las calles del municipio hasta la casa de la abuela, o subir monte arriba a llevarle el almuerzo al tío jornalero implica que el cerebro haga uso de las dos herramientas principales que tiene para ubicarse.

La primera de ellas (presente en el caso de la visita a la abuela) tiene que ver con los denominados hitos, que hacen referencia a los estímulos visuales, sonoros y olfativos que encuentra en el camino: un árbol florecido, un carro desvalijado o una casa de colores vibrantes que sirven como material de orientación.

La segunda herramienta (presente en el caso de trepar la montaña) tiene que ver con el llamado GPS cerebral, descubierto apenas en 2014 por los nóbeles de medicina John O’Keefe y el matrimonio May-Britt Moser y Edvard I. Moser, y que consiste en un conjunto de células especializadas en la creación de mapas mentales.

“A medida que estamos conociendo un sitio unas neuronas que están en el hipocampo van ‘encendiéndose’ para recordar la posición en la que se está”, ilustra Andrés Villegas Lanau, neurólogo y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Esta segunda herramienta es clave cuando se tiene un camino en un sitio en el que no hay puntos de referencia evidentes, como ocurre en un desierto, una montaña o una pradera muy amplia.

El campo enriquece

Hombre o mujer, mayor o menor, con estudios o sin estudios, todas estas variables fueron tenidas en cuenta por los investigadores en Londres para que los resultados fueran precisos.

Desde tiempo atrás se sabe que cada uno de ellos tiene influencia en el desarrollo de la ubicación espacial, comenta Leonardo Palacios, docente de Neurología de la Universidad del Rosario. “El sexo femenino, por ejemplo, cuenta con una mejor orientación en espacios pequeños, mientras que el masculino suele tenerla en espacios grandes”.

Del mismo modo, entre más nivel educativo se tenga, mejores habilidades de orientación pueden desarrollarse. “Si tienes un mayor nivel cognitivo, tienes mayores elementos para hacer correlaciones con sitios o cosas que observas, se te hace más fácil memorizar, asociar, y por ende, orientarte”, complementa Villegas.

¿Cómo lo hicieron?

Luego de hacer estas distinciones entre los voluntarios, los científicos compararon las puntuaciones que lograron en el juego Sea Hero Quest y las analizaron según sus lugares de origen, clasificados de acuerdo a la complejidad y la aleatoriedad de los trazados de sus calles.

De este modo, la dicotomía entre campo y ciudad no fue la única presente en la investigación, los científicos encontraron que en el contexto urbano había que hacer una distinción adicional: también influye (aunque muy poco) si se trata de una ciudad con un diseño tipo cuadrícula (como Medellín o Chicago) o una con un diseño más desordenado, tipo laberinto (como París).

Que esto sea así se explica con lo hallado en estudios previos: los ambientes enriquecidos favorecen el desarrollo cognitivo, la capacidad de pensar y razonar.

“El campo y las ciudades aleatorias son ambientes más enriquecidos en relación a su complejidad, le exigen a las personas un esfuerzo más intenso en su posicionamiento, y en consecuencia, tienen un mejor desarrollo y rendimiento”, puntualiza el docente Villegas.

En ese mismo sentido, se constata que la experiencia vital individual moldea la estructura y la función cerebral. “Es una realidad desde hace mucho tiempo: se trata de un órgano plástico, que se modifica como la plastilina y tú lo puedes hacer en términos de orientación espacial mediante entrenamiento”, añade Palacios.

Por eso, si se le dificulta ubicarse en el espacio, lo ideal sería retarse a usted mismo y prescindir cada que le sea posible de tecnologías como las aplicaciones GPS de celular.

La apertura de más puertas

La habilidad para orientarse en el espacio disminuye con la edad y a raíz de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. De hecho, la primera fase de esta patología incluye un déficit en la capacidad de orientarse.

Para Villegas, que ha trabajado de forma incansable en torno a esta enfermedad, los hallazgos y la metodología de la investigación son valiosos en la medida en que abren nuevas posibilidades de diagnóstico oportuno (por ejemplo, a través de un videojuego accesible y de bajo costo) y de tratamiento en tanto dilucida un poco más cómo opera el cerebro para ubicarse espacialmente.

Finalmente, la cantidad de datos recogidos a través de Sea Hero Quest pueden analizarse desde otros enfoques, cuenta a la agencia SINC Antoine Coutrot, investigador y coautor del estudio.

Entre las actuales líneas de investigación se encuentra el vínculo que puede haber entre la duración del sueño, su calidad y la ubicación espacial, así mismo, el entendimiento de trastorno por estrés postraumático, esquizofrenia y lesiones cerebrales asociados a una orientación deficiente.

Cada vez que siendo un niño caminaba hasta el río con sus amigos, montaba en bicicleta hasta la escuela o subía a los cerros a elevar cometa, su cerebro hizo una serie de conexiones neuronales valiosas que le permiten hoy moverse con destreza entre el mundo que lo rodea.

Fuente; El Colombiano

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