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Murió el ‘Indio Rómulo’ después de darle ‘la güelta al pueblo’ durante 89 años

El hombre que le puso amor y voz al sentir del campesino, se fue dejándonos  muchos recuerdos

Por Wilson Durán Durán (Julio 24 de 2020)

“Dios se lo pague a la Virgen Chiquinquireña, que ya juimos y goltiamos. Y ahora pongan toiticos las orejas, que les quero espipitiar tuesto que treigo aquí metío en la mollera entualito como si lo trujera escribío en un papel”:

‘La güelta al pueblo’ es uno de los poemas que declamaba Rómulo Mora Sáenz, ‘el Indio Rómulo’, un campesino nacido en Monguí (Boyacá) el 23 de abril de 1931, bautizado por su tío Adán Acero que era el cura del pueblo.

A el ‘Indio Rómulo’ lo conocí en 1982. Yo cursaba décimo grado en el Colegio Militar Inocencio Chincá de Sogamoso. Tenía 16 años. El profesor Gerardo Cetina, quien nos dictaba español, nos dejó una tarea: entrevistar a una persona reconocida.

Como era muy inquieto le hice la cacería a ‘El Indio’. Sabía que vivía en Bogotá, que tenía un negocio llamado ‘La Choza del Indio Rómulo’ y que le encantaba recibir a la gente de Boyacá.

No había celulares y para llamar a larga distancia tocaba recurrir a los teléfonos en los kioskos de Telecom.  En un directorio de Bogotá ubiqué el número y empecé a llamar. Pero nunca lo encontraba y nadie le daba razón de que un ‘pelado’ de Sogamoso lo estaba llamando para una entrevista del colegio.

Por fin un día logré hablar con Efraín, uno de sus hijos, y el hombre me hizo el cruce: “Véngase el viernes después de medio día que él está aquí”.

Víctor Manuel Dávila, cronista deportivo de Caracol Sogamoso me prestó una grabadora de periodista que en esa época eran grandes, con teclas que parecían de piano, que funcionaban con seis pilas Eveready de la más grande y casette. Eso sí, era lo último en guaracha. Tocaba cargarla como un maletín.

No recuerdo si la Choza quedaba en Chapinero. Pero lo que sí recuerdo es que llegué ese viernes de mayo de 1982 tal como me lo dijo Efraín y esperé como una hora.

De fondo sonaban valses, pasillos, bambucos. De pronto asomó la figura inconfundible del Indio. Era igualito al que había visto en Animalandia con Pacheco y muchas veces en la televisión.

‘Sumercé todavía está muy chino pa’ ser periodista”, me dijo cuando nos saludamos.

Me contó que desde los cuatro años, cuando ya echaba conversa, aprendió los poemas costumbristas y comenzó a recitarlos en el pueblo.

El era feliz de haber nacido el día del idioma. Tan feliz como haber nacido en ‘el pueblo más lindo de Boyacá’, como fue proclamado en 1980 tras concursar junto a otros 53 municipios.

Rómulo nació casi al tiempo en que la gente del pueblo empezaba el arte de fabricar balones. “Después de salir de la escuela cosíamos los cueritos pa’ ganarnos unos centavos”, me dijo mientras explicaba que si Monguí hubiera crecido en tierra plana habría tenido una buena cancha de fútbol.

Aprendió las primeras letras en su natal Monguí en el colegio San Francisco y luego se fue a vivir a Bogotá donde estudió en el colegio Salesiano.

Cuando tuvo la edad de prestar servició se encaminó en las filas del Ejército al mejor estilo de ‘José Resurrección’, otro de los poemas que recitaba de Antonio Morales.

Cuando tenía unos 21 años, por allá en 1953, conoció al maestro Álvaro Ángel quien dirigía la Academia Goranchacha y lo convenció de  estudiar teatro. Allí perfeccionó las artes escénicas y modulación de la voz.

Por esa época se hacía llamar ‘El campesino boyacense’ y ya empezaba a identificarse como la voz de nuestra raza.

“De política poco. Pero me vi metido como alcalde de varios pueblos. Incluso me nombraron alcalde de mi pueblo en 1955”, me contó mientras ‘nos jartábamos un tinto’.

Recuerdo que también me habló de sus correrías por el país y de que a principios de los 60 (del siglo pasado) se fue a vivir del todo para Bogotá y se hizo muy cercano con el presidente de la época, quien lo invitó varias veces al entonces Palacio de San Carlos a deleitar con sus recitales.

En una de las charlas con el expresidente Guillermo León Valencia (1962-1966) éste le dijo que debía cambiarse de nombre artístico. Uno que fuera más acorde con su fisonomía y que fuera más impactante. “Pareces un indio”, le dijo.  Y comenzó entonces a llamarse ‘El Indio Rómulo’.

En ese año de nuestra entrevista (1982), Rómulo rondaba casi la misma edad que tengo yo: 51 años. Ya había tenido varias mujeres y la lista de hijos se le iba creciendo. “No tengo memoria pa’ recordar cuántos amores he tenido, jejejej”, respondió al tiempo que declamaba un fragmento de “quéreme chinita como yo te quero…No seas remilgada, ni sias tan esquiva, puñao de virtudes, piacito de cielo….”.

‘El Indio Rómulo’ en uno de sus recitales. Foto Alternativa.com.co

Cuando llevábamos como media hora de entrevista y de haber hablado de poemas como Los Barbarismos, Poema al pedo, La Oración del Arriero y muchos más, sacó de su billetera una tarjeta con la foto de él vestido con su particular atuendo y me pidió que le diera la vuelta: “estás hablando mucha mierda”, se leía.

Soltamos la risa y me dijo: ya está como bueno y yo tengo que irme a preparar el show de esta noche.

Antes de despedirnos me dio algunas recomendaciones para ser un buen declamador, pues le había contado que desde segundo primaria me había aprendido las 48 estrofas de José Resurrección y que desde entonces me había apasionado por la poesía costumbrista.

“Hay que ser auténtico, humilde, hablarle a la gente sin tapujos, tener expresión corporal y modular la voz, no gritar y mirar a los ojos para tener dominio del escenario”.

Me rajó el Indio

Con el ‘Indio Rómulo’, nos volvimos a ver otras veces. Muchos años después. El era amigo de muchos amigos de Monguí. Entre ellos de Eudocio Pedraza, un publicista que varias veces organizó eventos de carácter social. Talvez en dos de ellos, que recuerde, me ‘metió’ como preámbulo a sus recitales, pues en esa época yo ya había madurado como declamador.

Pero el encuentro que no puedo olvidar fue por allá en 1995 en Tuta (Boyacá), donde se celebraba el Concurso Nacional de Poesía Costumbrista. Me inscribí para participar «a ver si le apuntaba a los $500 mil de premio». La lista era larga. Hubo varias rondas y varios concursantes.

‘El Indio’ escuchaba atento a los declamadores. En la ronda semifinal, me tenía descabezado cuando interpreté ‘Agua tata’. En el receso lo saludé y me dijo: ‘te rajaste. Parecías que te estuvieran maltratando. Muy regular”. Sin embargo, me dio la oportunidad de pasar entre los 3 finalistas.

En la tarde llegó la gran final. Quise demostrarle que sí podía mejorar con mi interpretación. Antes de subirme al escenario me encontré  con Bayardo Roa, el comandante de Bomberos de Tunja y corresponsal de CMI en Boyacá. “Me vine porque lo escuché en la radio, y pensé que estaban cascándole al Wilson porque se oía como si le estuvieran dando golpes”, me dijo entre chanza y verdad.

Fue fatal. Ahí sí me salió más gritada y aguda la voz, que al final quedé de tercero. Seguro, si hubiéramos sido 5, habría quedado de quinto. “No mejoraste. Declamaste como si te estuvieran torturando y a una persona que lleva varios años en este arte no se le perdona que declame así de mal”, me dijo.

Hoy tengo presente esas frases del ‘Indio’: “Hay que ser auténtico, humilde, hablarle a la gente sin tapujos, tener expresión corporal y modular la voz, no gritar y mirar a los ojos para tener dominio del escenario”.

Adiós gran inspirador de muchos poetas, gran inspirador de muchos amores entre parejas, gran voz orgullo de nuestra raza que dejó en alto el nombre de nuestro país y de los valores del campesino colombiano. Paz en su tumba ‘Indio Rómulo’.

Nota: A su hijo José Germán Niño, conocido artísticamente como José Labriego, el más parecido a él en su voz e interpretación y en sus rasgos físicos, mi saludo de condolencia y admiración porque el gran legado del ‘Indio’ lo seguirá conservando él por muchos años. Un abrazo amigo.

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Wilson Duran Duran

Periodista, Director de www.laschivasdelllano.com y www.laschivasdecolombia.com
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