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Política

El rey de la muerte

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A ‘Martín Llanos’ deberían enviarlo a una cárcel más controlable, a Valledupar, por ejemplo.

SALUD HERNANDEZ- MORA / EL TIEMPO

¿Nunca se cansa de matar? ¿Jamás es suficiente? Podría calmarse, arrepentirse, dar un giro a su abominable existencia e incorporarse a la legión de arrepentidos que piden perdón y comienzan una nueva vida cargados de buenas intenciones.

Pero el exjefe de las desaparecidas Autodefensas Campesinas del Casanare, más conocidos en la región como ‘los Buitragueños’, que contaba en su día con un ejército siniestro de poder inmenso que no quiso desmovilizarse, sigue empeñado en aniquilar a quien se cruce con sus intereses particulares. Desde La Picota, a donde llegó tras ser detenido en Venezuela hace cuatro años, alias Martín Llanos dicta órdenes de muerte, de extorsión, de narcotráfico, de despojo de tierras.

 Allí trabaja junto con su hermano, Nelson Buitrago, alias Caballo, igual de matón pero con menos liderazgo. En su pabellón recibe a sus lugartenientes y a quienes manda llamar, y actúa con el mismo aire arrogante de antaño del capo paramilitar que decide sobre la vida de todos. Los visitantes clandestinos no aparecen registrados a su nombre; entran solicitados por otros presos para no dejar rastro.

En su organización hay varias personas claves, imprescindibles para seguir vigente y conservar su cetro y su fortuna. Un expolicía sesentón que lleva décadas fuera de la institución y era muy cristiano, Hans Rodríguez, es pieza esencial al igual que Francisco ‘Pacho Gil’, de profesión testaferro y señalado de estar involucrado en el asesinato de varios miembros de la familia Moreno para quitarles fincas. Los dos están fuera del radar de las autoridades. Tampoco persiguen a su grupo de nueve sicarios establecidos en Maní (Casanare). Ahora utilizan la estrategia de ofrecer protección frente al Eln y lo hacen en tono amenazante, no dejan lugar a rechazarlo. Uno de ellos, Míller Díaz, alias Punto Negro, se pasea como si nada por el pueblo, y eso que el año pasado le pegó seis tiros a Vicente Soto, que quedó paralítico. Lo pretende eliminar para tomar posesión de la finca Fronteras, de 5.000 hectáreas, que Soto tomó en arriendo y mejoró, como si el excapo paramilitar no tuviera bastante con todas las propiedades regadas en los Llanos que robó a sus legítimos propietarios.

Fui hasta Fronteras, a más de media hora del casco urbano de Maní por una carretera solitaria y destapada, para conocer la razón de su obsesión. No hay casa llamativa, sino un rancho modesto al que hace meses llegaron unos desconocidos, armados y agresivos, para levantar los pisos buscando caletas. Tiene más de mil cabezas de ganado y están preparando un área extensa para cultivar arroz. Con los tamaños de fincas de los Llanos, no son signos llamativos que ayuden a entender por qué el exjefe paramilitar quiere quedársela a toda costa, salvo su paranoia de acumular bienes.

Salud Hernández siempre ha sido  crítica del exceso de los grupos paramilitares y de la influencia de Martin Llanos en la política

Salud Hernández siempre ha sido crítica del exceso de los grupos paramilitares y de la influencia de Martin Llanos en la política

En el listado de lugartenientes aún en libertad no pueden faltar otro hermano, Carlos Buitrago (alias Campana) y menos sus primos, Héctor Fabio Buitrago, alias Alazano, cuya hermosa finca conocí por fuera, y Carlos Noé, alias Porremacho, detenidos ambos en Bolivia por narcos y luego expulsados.

A ‘Martín Llanos’ deberían enviarlo lejos de su reino, a una cárcel más controlable, a Valledupar, por ejemplo. Que comparta con ese demente de Garavito, seguro se entienden.

 

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