Habitantes del barrio Quirigua, en el occidente de Bogotá, denuncian una situación criminal que tiene en vilo a la comunidad: el hallazgo de sustancias tóxicas esparcidas sistemáticamente en zonas verdes, parques y esquinas. Lo que comenzó como casos aislados de mascotas enfermas se ha convertido en una emergencia pública, pues el veneno también representa una amenaza mortal para los niños que juegan en estos sectores.
El rastro del «peligro silencioso»
Tras semanas de incertidumbre, los propios vecinos realizaron recorridos de inspección y descubrieron químicos letales camuflados estratégicamente entre la vegetación. Según los testimonios recolectados, las sospechas recaen sobre una mujer de avanzada edad que habría sido vista esparciendo estas sustancias.
Gloria Ariza, líder del sector, advirtió sobre la gravedad del hecho: «Es un peligro silencioso que no solo afecta a los perros, sino a cualquier animal y a cualquier niño que pase por aquí». Por su parte, proteccionistas como Caroline Castiblanco han hecho un llamado urgente a la Policía Ambiental y al Instituto de Protección Animal para que intervengan antes de que ocurra una tragedia mayor.
¿Qué hacer ante esta emergencia?
La comunidad recomienda a los dueños de mascotas extremar precauciones, usar bozal si es necesario y evitar que los animales olfateen o ingieran cualquier elemento del suelo. Para reportar casos de maltrato o riesgo inminente, las autoridades recuerdan los canales oficiales:
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Urgencias vitales: Línea 123.
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Maltrato o abandono: Línea gratuita 01 8000 11 51 61.
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Denuncia penal: Línea 122 del grupo GELMA de la Fiscalía.
La vigilancia colectiva es, por ahora, la única barrera para proteger a los habitantes más vulnerables del barrio.
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