Mientras miles de personas se preparan para procesiones, viajes y encuentros familiares, desde el municipio están lanzando un mensaje sencillo pero poderoso: celebrar sin destruir.
Uno de los llamados más urgentes tiene que ver con la tradicional palma del Domingo de Ramos. Durante años ha sido protagonista, pero hoy su uso está pasando factura. La extracción indiscriminada está debilitando esta especie, reduciendo su capacidad de sobrevivir y de seguir siendo parte del paisaje natural.
La invitación es clara: cambiar la palma por vida. Plantas vivas, artesanías o alternativas sostenibles pueden mantener la tradición sin poner en riesgo el entorno.
Pero no es lo único.
También se pide frenar prácticas que, aunque comunes, siguen afectando gravemente la naturaleza: fogatas mal apagadas, basura en espacios públicos, contaminación de ríos y el tráfico ilegal de fauna.
Porque sí, aún ocurre. Loros, tortugas y otras especies siguen siendo capturadas o comercializadas en estas fechas, mientras otras son consumidas pese a estar en veda.

La reflexión es directa: no todo lo que es tradición debe mantenerse si está dañando la vida.
Quienes recorren senderos, ríos o zonas naturales en estos días tienen un papel clave. Cargar la basura de regreso, no intervenir los ecosistemas y respetar cada forma de vida se vuelve tan importante como cualquier acto religioso.
Al final, el mensaje que queda flotando en el aire es casi poético:
cuidar la naturaleza también es una forma de oración.
Y quizás, la más urgente de todas.
