En una decisión que marca un antes y un después en la política económica del país, el presidente Gustavo Petro ha firmado el decreto que fija el salario mínimo para 2026 en $2.000.000 (incluyendo auxilio de transporte). Bajo el nuevo concepto de «Salario Vital», el Gobierno busca compensar la pérdida de poder adquisitivo, pero los gremios advierten sobre un «efecto bumerán» que podría disparar la informalidad.
La radiografía del aumento: más que simples cifras
El incremento global del 23,7% es el más alto en décadas, situándose casi 18 puntos por encima de la inflación proyectada para el cierre de 2025 (5,2%).
- Salario base: $1.750.905
- Auxilio de transporte: $249.095
- Total: $2.000.000

El «costo oculto» para el empresario
Aunque el trabajador recibe 2 millones, el análisis financiero para las empresas es mucho más crudo. Entre salud, pensión, ARL, cajas de compensación, primas, cesantías y vacaciones, un empleado que gana el mínimo le costará a su empleador aproximadamente $2.800.000 mensuales.
Esta brecha del 40% adicional sobre el salario recibido es lo que tiene en alerta a sectores de mano de obra intensiva, como las empresas manufactureras, servicios de aseo y el sector transporte.
Análisis: ¿Por qué «Salario vital»?
El presidente Petro ha defendido la medida argumentando que el salario mínimo en Colombia ha sido históricamente un «salario de hambre». Al llamarlo Salario Vital, el Gobierno intenta alinear la remuneración con el costo real de la canasta básica para una familia y no solo para un individuo.
«No se trata de cuánto es lo mínimo que puede pagar un empresario, sino de cuánto es lo mínimo que necesita un ser humano para vivir con dignidad», afirmó el mandatario en su alocución.
Sin embargo, la crítica se centra en que este aumento no viene acompañado de incentivos a la productividad, lo que podría obligar a los pequeños comerciantes en regiones como Boyacá o el Llano a recortar personal o pasar a la informalidad.
Los rostros de la incertidumbre
En las calles, la moneda tiene dos caras. Por un lado, el conductor de bus, la aseadora y el obrero manufacturero ven con esperanza el alivio en sus bolsillos. Por otro, el dueño de la pequeña empresa y los campesinos de ruana y sombrero en Boyacá se preguntan cómo sostener sus nóminas.
- Dificultad Empresarial: Fenalco advierte que el sector comercio no podrá absorber este costo sin trasladarlo al precio final del consumidor, lo que generaría una nueva ola de inflación en enero.
- Efecto en el Campo: En regiones agrícolas, donde el pago por jornal es la regla, un aumento de esta magnitud podría desincentivar la contratación formal en las cosechas.
¿Qué esperar para 2026?
El éxito o fracaso de este «experimento económico» dependerá de la capacidad de consumo. Si los colombianos gastan esos 2 millones en el comercio local, la economía podría rotar. Pero si las empresas cierran por los altos costos, el desempleo podría opacar la celebración del aumento.






