Bogotá/La Haya — Aún falta un año para que Gustavo Petro entregue el poder, pero el pulso entre su ambición internacional y la realidad nacional ya está sobre la mesa. El presidente ha soltado la bomba: su plan para el 2026 no descarta un viaje a la Franja de Gaza, un gesto que más que un destino post-mandato, parece la continuación de su «diplomacia del trino» en el epicentro de la política global.
La frase clave: «Quiero ir a Gaza. Algún día estaré allá. Si podemos, si me dejan», ha encendido la mecha.
El contexto de «Si me Dejan»
La inquietud del mandatario sobre el permiso de ingreso a Gaza no es menor ni casual. Su radical y constante confrontación con el gobierno de Israel lo ha convertido en una figura polarizante en el conflicto.
- ¿Quién no lo dejaría? La mención a «si me dejan» apunta directamente a las fuerzas que controlan el acceso a la Franja, incluyendo a Israel y sus aliados internacionales, con quienes Petro ha mantenido una abierta tensión diplomática. Un viaje a Gaza de un expresidente con su perfil sería un evento político de alto riesgo y podría ser interpretado como una provocación directa.
- ¿La última jugada? Para sus críticos, la idea de ir a Gaza es la búsqueda de un gran escenario internacional que le asegure relevancia global una vez deje el cargo, distrayendo la atención de los resultados de su «responsabilidad en la transformación de Colombia», como él mismo la definió.
¿Un retiro entre Olivos y Elíseos?
La dualidad de sus planes post-presidenciales subraya la profunda división que ha marcado su gobierno:
- Activismo Radical: Por un lado, la propuesta de ir a Gaza para impulsar una «conferencia de paz» y el reconocimiento de dos estados, lo mantendría en la primera línea del debate geopolítico, lejos de la calma que esperaría un exmandatario.
- La Finca: Por otro lado, la mención de retirarse a una zona rural en Colombia suena a un escape al terruño, una necesidad de «recogerse» tras cuatro años de turbulencia. Para sus detractores, esta opción es vista como el reconocimiento implícito de un agotamiento político.
Mientras en Colombia crece el debate sobre el futuro del país después de 2026, el presidente Petro ya tiene su mirada puesta en el extranjero, intentando consolidar un legado como el «Gran Defensor de la Causa Palestina» antes de que el calendario electoral le arrebate el megáfono presidencial.
El tiempo dirá si su «gira de paz» en Gaza es la próxima etapa de su carrera o si, por el contrario, «no lo dejan» y termina retirado, con el único paisaje de los Andes colombianos.






