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La espectacular travesía para salvar a los caimanes de los Llanos

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Un biólogo español y un ganadero de Arauca adelantan una estrategia para duplicar la presencia de este animal, uno de los más amenazados del mundo.

SEMANA.COM

Faustino Mojica nació a orillas del araucano río Cravo Norte hace 53 años. Desde entonces se acostumbró a convivir con los caimanes, los manatíes y otra fauna silvestre que puebla esta remota región de Colombia. Sin embargo, hace 23 años se dio cuenta de que los peces, las tortugas, los chigüiros y otra fauna acuática se estaba acabando debido a un modelo de pesca y caza insostenible. (Ver Fundación Palmarito Casanare)

Con buen criterio ecológico, tomó la decisión de dedicarse al cuidado de una especie sombrilla, cuya conservación beneficia al resto de la fauna local: el caimán llanero. Su ocupación principal es la ganadería, pero sin duda es una de las personas que más han hecho en Colombia por la conservación de esta especie. Cuando empezó Faustino no lo sabía, pero estaba ayudando a una de las especies en mayor peligro de extinción en el mundo.

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Fotografías: Fundación Palmarito

Sin apoyo, con sus propios recursos, Faustino recorre año tras año el río Cravo Norte en busca de los nidos que las hembras excavan en las playas. Ubica los huevos, borra los rastros en la arena, vigila el nido y tras tres meses de incubación, asiste al nacimiento de los caimanes. Este es el momento más crítico para la supervivencia de estos reptiles, ya que es durante la fase de huevo y de eclosión cuando se producen las mayores tasas de depredación. Pero Faustino no se descuida y entrega las crías a la madre celosa que espera en el agua.

En Arauca muchos saben de Faustino. Tanto que cuando la Fundación Palmarito, referente en la conservación de esta especie, llegó a la gobernación, la refirieron inmediatamente a él. El biólogo español Rafael Antelo, especialista en caimán llanero, le pidió a Faustino que siguiera con su tarea, pero que recogiera los caimancitos y los entregara a la Fundación para criarlos en cautividad. La razón es simple, los caimanes recién nacidos apenas miden 30 cm y son presas de babillas, aves acuáticas y peces carnívoros, entre otros. El objetivo es devolver los caimanes a este río, pero con un tamaño con el que puedan prosperar.

Hace unos días comenzó la travesía. El avión despegó temprano de Bogotá con personal de la Fundación Palmarito con destino a Yopal, donde se unieron dos funcionarios de Corporinoquia. Desde allá volaron hasta la población de Cravo Norte para encontrarse con Faustino, que entregó 159 caimancitos que había conseguido rescatar en el río homónimo. Una vez más expresó su convencimiento en esta tarea. “¿Por qué lo hace?”, le preguntaron, “Porque, más adelante, el caimán va a tener una influencia muy grande en nuestro entorno”.

Con todos los cuidados del caso, los animales fueron trasladados vía aérea hasta Orocué y desde allí por tierra hasta el Bioparque Wisirare, un área protegida propiedad de la Gobernación de Casanare que alberga un centro de cría en cautividad que gestiona la Fundación Palmarito. Allí permanecerán al cuidado de Antelo por al menos dos años, cuando serán devueltos al medio natural.

Todos los caimanes llegaron en buen estado de salud, se midieron, se pesaron y se marcaron y se pudo comprobar que dos de ellos sufrían amputaciones en las extremidades y la cola, provocadas en el río por la mordedura de algún depredador. En Wisirare los caimanes se mantienen separados por tamaños para evitar el canibalismo, y son alimentados con carne de res, caballo y pescados del cercano río Meta.

Lo que sucedió en el río Cravo puede ser una de las expediciones más ambiciosas para la conservación del caimán. El rescate de neonatos es una actividad prevista desde 1998 en el Programa Nacional para la Conservación del Caimán Llanero, pero hasta la fecha no se había realizado, a pesar de que sin duda constituye una de las acciones más efectivas y menos costosas para asegurar el futuro de esta especie. La aparición en escena de Faustino ha sido clave para lograr este éxito.

En Colombia se cree que sólo quedan 300 caimanes. Es decir, que si la meta de Faustino y Antelo se cumple y un elevado porcentaje de caimanes sobrevive, habrán dado un paso trascendental en la conservación de esta especie.

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En grave peligro

El caimán es un animal fascinante. Puede crecer hasta siete metros de largo, produce miedo, respeto y misterio. Pero durante años ha sido víctima de sí mismo. Su piel es tan apetecida, que la pedían en todos los rincones del mundo.

Para comienzos del siglo pasado, Colombia era un país en el que el caimán abundaba. Se paseaba tan orondo por buena parte de la geografía llanera, que incluso inspiró las más míticas canciones. Los científicos calculan que existían al menos tres millones de ellos, dueños y señores de ríos y caños.

Sin embargo, después de la década de los 30, el mundo se percató de esa riqueza. En Estados Unidos y Europa comenzó el auge de la moda y así la piel de estos animales se volvió uno de los productos más apetecidos de esta tierra tropical. Se calcula que en los Llanos se podían exportar en esa época entre 3.000 y 4.000 pieles diarias en un solo centro de acopio. Sólo en los años 1940 fueron cazados 140.000 caimanes en el río Meta y 40.000 en el río Guayabero.

Se podría decir que desde ese entonces en Colombia pocos viven tan amenazados como los caimanes. Un censo dio cuenta de ese genocidio animal: en los años 1970, cuando la cacería comercial había cesado, apenas quedaban 780 de estos animales en Colombia. Al día de hoy la situación es aún más dramática. Por eso un hecho que sucedió en la profundidad de las planicies de Arauca ha sorprendido al mundo de la conservación de especies.

“Se invierten millones de dólares en conservar obras de arte y monumentos recientes, ¿cómo no conservar una especie que lleva 200 millones de años sobre la Tierra?”, dice Antelo.

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