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La entrañable historia de Eduardo, el papá de Andrés Cabas

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Por: septiembre 13, 2015 / KIEN Y KE

A Eduardo lo escuché por primera vez en el Teatro Mayor, un sábado en la noche junto a su hijo Andrés, ambos entonaron la canción ‘Déjame ser tu amigo, hijo’, escrita por el maestro Cabas.

Una melodía que le dedicó a sus hijos Eduardo, Andrés y Juan Esteban Cabas. Esa noche cantaron para recolectar fondos para la Fundación ICAL, en agradecimiento por la valiosa ayuda que brindaron al menor de sus hijos, el pequeño Juan, que padecía una discapacidad auditiva. Esa noche el clarinete, la percusión, los timbales y el piano se escucharon en el primer concierto público que padre e hijo han ofrecido.

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Eduardo lucía una gabardina negra y una bufanda naranja del mismo color del suéter. En su sonrisa está el sello personal de un gran barranquillero. Vive en un apartamento al norte de Bogotá, el edificio ya tiene sus años, la fachada es de un amarillo claro y la puerta es de rejas color marrón. Al salir del ascensor encontré a Eduardo en la puerta.

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Andrés Cabas y su padre Eduardo en concierto

Con su voz ronca y acento costeño nos dice: “Sigan, están en su casa”. Parece una de esas casonas amplias del Centro Histórico de Cartagena adornada de hamacas y cuadros. Observo fotografías de sus hijos y su esposa María Consuelo Rosales en cada uno de los rincones de la sala, las sillas mecedoras, los jarrones y las flores decoran también el apartamento.

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Al fondo encontré cinco lienzos colgados en la pared. Están firmados por su hijo, Juan Cabas. Cerca de nosotros hay una foto suya y otra del cantante Andrés Cabas.

La música para los Cabas siempre ha sido importante y ha pasado de generación en generación. Eduardo nos cuenta que su abuela y su madre tocaban piano y su padre el tiple. “En mi casa en Barranquilla se escuchaban varios discos de la época, mis padres invitaban a sus amigos y se reunían para cantar y bailar, la música era algo muy cotidiano”.

A los 13 años Eduardo recibió en el colegio el castigo más afortunado de su vida. No recuerda la causa, pero sí sabe que en medio del salón, solo, muerto del calor, empezó a darle golpecitos a un pupitre. “Me fue saliendo una melodía que me gustaba, así nació mi primera canción llamada ‘Hubieras podido’ y así nació la música para mí”.

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“’Hubieras podido’, es la historia de una niña que no era rubia, no tenía sus medidas 90-60-90, no estaba en un Concurso de Belleza, era una mujer común y corriente pero sus cualidades la hacían una mujer interesante,” cuenta Eduardo, mirándome fijamente para decir que jamás grabará esa canción porque es su mejor recuerdo personal.

Maestro Eduardo Cabas

Eduardo formó parte de un grupo musical llamado ‘Los Caracoles de Oro’, un cuarteto de amigos nacido en la cuadra de su barrio, juntos participaron en el primer festival de la canción de Colombia y quedaron de finalistas después de superar a más de 500 agrupaciones del país. La final se disputó frente al dúo Silva y Villalba del Tolima, pero los caracoles ganaron.

Eduardo es arquitecto. Alternó la música con la publicidad. Fue director creativo de una casa disquera, buscaba grupos musicales, preparaba artistas, grababa canciones, diseñó las carátulas de varios artistas y realizaba estrategias publicitarias.

“Me di cuenta que hacía demasiadas cosas y entonces decidí montar mi propia agencia de publicidad llamada ‘Globo Publicidad’, donde realizamos cerca de mil quinientos anuncios publicitarios para la televisión y cerca de trescientos jingles, ganamos premios en Brasil, Estados Unidos y Colombia”, confesó Eduardo, quien entre risas dice: “Tengo varias India Catalinas regadas por todo la sala de mi apartamento”.

Levantando su dedo índice izquierdo me cuenta como si fuera un profesor. “Uno de los comerciales que más recuerdo fue uno de los años 80, en esa época comenzaron a entrar varios productos extranjeros y esos eran los buenos, los malo era lo nacional, entonces decía una niña: ‘¿Oye, de dónde son tus zapatos?’ Y la otra le respondía ‘los traje de Miami, ¡Mentira, mentira son jazz’, una marca de zapatos caleña.”

Durante más de 20 años Globo fue una de las agencias de publicidad más importante del país, en ese tiempo llegaron los hijos. A su esposa, María Consuelo Rosales, la conoció en Barraquilla era una niña de su cuadra, se enamoraron, se casaron y tuvieron tres varones.

Maestro Eduardo Cabas

“Cuando me radiqué en Bogotá, María Consuelo vivía en Barranquilla y para comunicarme con ella en esa época era muy difícil, cerca al Parque Nacional había un teléfono público que a las diez de la noche la llamada era directa, imagínese usted un grupo de jóvenes a esa hora haciendo fila para comunicarnos, era muy difícil”, contó el maestro entre risas.

Eduardo es su hijo mayor, es ingeniero industrial, después sigue Andrés, el cantante, y el menor es Juan, el pintor de la familia y autor de los cinco lienzos que están detrás del compositor mientras habla con nosotros.

La historia de Juan

El menor de sus hijos sufrió una meningitis que le ocasionó una discapacidad auditiva para siempre. “A los dos años de Juan, fuimos con la familia a un paseo a la Costa, paramos por varias ciudades, y en una de esas paradas en un restaurante la comida que le sirvieron a mi hijo contenía una bacteria llamada Brucellosis Abortus, que le afectó una capa del cerebro que se llama Meninge, y eso provocó que se quemaran las células que mueven la parte auditiva”, cuenta Eduardo.

Juan Esteban solo conoció algunas palabras, por eso el esfuerzo de los padres en ese proceso fue arduo. “Viaje a Yugoslavia para traerle un aparato especial para las personas con discapacidad auditiva, era una serie de chupas que tenían un cable y se conectaban con un micrófono por donde le hablábamos y Juan sentía las vibraciones de la voz, él sensibilizó mucho la piel y esa sensibilidad es la que ha producido que el hable ahora”.

“No aprendí el lenguaje de señas, ni Juan tampoco, porque si le enseñábamos ese lenguaje jamás iba a hacer el esfuerzo para escuchar ni tampoco para hablar, así que los dos, mi esposa y yo, hicimos que Juan aprendiera a leer los labios y la gesticulación de nuestro rostro, así desarrolló la poco capacidad auditiva que tenia”.

Maestro Eduardo Cabas

“Este cuadro lo pintó Juan hace varios años, cuando me vio cantando en un evento. Lo iba a subastar y Carlos Pinzón,  presentador de la Teletón, lo iba a comprar por un millón de pesos, pero me le adelanté con dos millones y lo traje para mi casa”, cuenta el maestro Eduardo.

Juan estudió en el ICAL, una fundación especializada en niños sordos. cursó diseño gráfico en Lasalle College y después viajó a Estados Unidos a estudiar lenguaje de señas en inglés. Allá nació su pasión por la pintura.

“Tú ves un cuadro de Juan y no sabes qué es, pero si te concentras empiezas a ver arte allí, todo comienza a tener sentido. Una vez me dijo, Papá yo no pinto con pinceles yo pinto con la piel, no le creí, pero después lo vi y es increíble lo que hace.”

“Él pone un lienzo blanco en el piso, solo se pone una pantaloneta y se unta con varios colores de pintura, se lanza sobre el lienzo y pinta con todo su cuerpo, el cuadro lo tiene en su mente, trabaja mientras escucha a Beethoven o Mozart.”

Según Eduardo, cualquier colombiano ante la música es bastante sordo. “No sabemos cantar un Happy Birthday porque nunca nos dieron clases musicalmente, el 99% de los colombianos es sordo para la música, por eso la gente prefiere escuchar solo un sonido y se quedan con ese, cuando hay millones de sonidos que pueden atraerlos, por eso no son capaces de escuchar completo un concierto de Mozat por ejemplo”, dice el maestro frunciendo el ceño.

Para Juan, Andrés siempre es y será su héroe y para Andrés, Juan siempre será su hijo. Así lo dice Eduardo quien recuerda que Andrés creció solo porque la atención de la familia estaba dirigida al hermano menor. “Andrés confiesa que eso le sirvió para crear su propia música, la soledad le sirvió para encontrar un mix de ritmos caribeños, cuando lo escuché hice ¡plop! Como en Condorito. Él me dijo que eso era un boceto, y le respondí que eso era música”.

Maestro Eduardo Cabas

Eduardo Cabas y Juan Esteban, su hijo menor.

“Andrés me pidió que lo ayudara, le dije que conocía a todos los presidentes de las compañías de discos del país, pero era más orgulloso para mí que tocara las puertas de las disqueras y mostrara su propuesta musical sin mencionarme. Así lo hizo y tuvo momentos difíciles porque muchas veces le dijeron que no, pero al final una disquera lo acogió y lanzó su primer disco hace 12 años”.

La canción que más le apasiona al maestro de su hijo es ‘Ana María’. “Es una tremenda historia, quien la escucha dirá que Andrés hizo una tragedia griega poniéndole ritmo de cumbia, porque la historia es realmente muy triste, y me le quito el sombrero a mi hijo, es un gran artista”.

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Así se prueban los juguetes para garantizar confianza y seguridad

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Los productos de juguetería están regulados alrededor del mundo por estándares de seguridad que se actualizan de manera constante. Hoy en día, el público consumidor exige que los juguetes sean de alta calidad y seguros para la niñez. Esto implica que el diseño y los materiales utilizados en el proceso de producción no causen efectos perjudiciales o lesiones.

Según SGS, multinacional líder en inspección, verificación, ensayos y certificación a nivel mundial, “en los últimos años, los productos para niños han representado una porción importante de notificaciones de retirada del mercado”. En consecuencia, las autoridades de la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Brasil, Canadá, China, Rusia, Japón, Colombia entre otros, han desarrollado sus propias regulaciones y estándares para los juguetes.

El paso a paso para la aprobación segura del juguete

El procedimiento para llevar a cabo el testeo de juguetes se desarrolla de manera rigurosa con el fin de que las empresas cumplan con las regulaciones y normas planteadas en todo el mundo.

SGS cuenta con una red global de laboratorios que se especializan en determinar la seguridad de los juguetes. Igualmente, estos lugares son reconocidos a nivel internacional por las principales asociaciones del sector y organismos de acreditación, siendo un referente mundial en la calidad de las diferentes técnicas de validación.

En el proceso de testeo se realiza prueba de tensión, prueba de caída, prueba de torque, prueba de compresión y prueba de metales pesados. Además se analiza la peligrosidad del producto con estrictas inspecciones de control de calidad.

Inicialmente, los expertos en juguetes rompen uno para determinar qué componentes deben probarse de acuerdo a los requisitos reglamentarios. Todos los materiales que conforman el juguete deben testearse con una muestra. Para ello, cada uno es removido y cortado en trozos pequeños preparados para la prueba.

Posterior a esto, a todas las muestras se le agrega un componente que transforma el elemento de sólido a líquido. Luego de filtrar la solución, el ejemplar queda listo para el análisis en el espectrómetro ICP-Mass.

Las muestras son ingresadas al ICP-Mass donde se encuentran con una llama de plasma y viajan al espectrómetro de masas para identificar la presencia de elementos como Plomo y Cadmio. El equipo de expertos de SGS analizan los datos arrojados para detectar si existe presencia de alguna sustancia regulada. Luego de esto proceden a revisar el resultado de la prueba en relación con los requisitos y por consiguiente reportan sus conclusiones.

Cabe aclarar que los límites reglamentarios existen para garantizar que el juguete sea seguro y libre de químicos que puedan perjudicar el futuro y bienestar del consumidor.

Por otro lado, SGS ofrece a fabricantes, distribuidores e importadores soluciones integrales de Garantía de Calidad a medida para todas las necesidades del juguete. Además, asegura la entrada del producto en el mercado y minimiza el riesgo de una costosa retirada del juguete.

FUENTE RED MEDIOS DIGITAL./ Foto Freepik

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