BOGOTÁ. ¡Se les acabó la guachafita a los dueños de lo ajeno! En las calles de la «Nevera» ya anda suelto «Vicente, el guarda de la gente», un robot que parece sacado de una película de Hollywood pero que tiene una misión muy criolla: cascarle el ojo a la inseguridad en centros comerciales y conjuntos residenciales de la capital.
Ni tinto, ni descanso: El vigilante de hierro
A diferencia de los guardas de carne y hueso, a Vicente no hay que llevarle cafecito para que no se pegue sus «motos» en el turno de la madrugada. Este aparato funciona con Inteligencia Artificial de última generación, lo que significa que no solo mira, sino que «analiza la jugada». Si ve a alguien donde no debe o haciendo movimientos sospechosos, suelta el pitazo directo a la Policía en un abrir y cerrar de ojos.
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Ojo de águila: Sus cámaras de ultra alta definición no perdonan ni una sombra.
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Hablantinoso: El robot no solo patrulla, sino que le echa el cuento a la gente, da instrucciones de seguridad y hasta «regaña» a los que andan haciendo lo que no deben.

¿Y en el resto del mundo qué?
Bogotá se puso «cachetosa» con esta tecnología, pero en otros lados ya les llevan la delantera:
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En la China: Allá los «Robocops» miden casi dos metros y le hacen reconocimiento facial a todo el que se atraviese. Si usted cruza mal la calle, el robot lo boletea de una vez por el altavoz.
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En Singapur: Tienen a «Xavier», un robot «sapo» que patrulla las plazas buscando gente fumando donde no debe o parqueando mal las bicis. ¡No se le escapa ni una!
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En el «Norte» (EE.UU.): Los gringos usan perros robot como el famoso «Digidog» para meterse donde las papas queman, como en rescates o situaciones con rehenes, para no arriesgar el pellejo de los oficiales.

¿Llegará el «Robo-Guarda» al Llano y a Boyacá?
Mientras en Bogotá ya se acostumbran a ver a Vicente dando vueltas, la pregunta que queda en el aire es: ¿Se imaginan a un bicho de estos patrullando la Plaza de Sogamoso o el centro de Yopal? Por ahora, la tecnología promete ahorrarle unos pesos a las empresas de seguridad, aunque a muchos les haga falta el saludo amable del vigilante de siempre.






