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DE FRENTE Pacto mafioso

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OSCAR MEDINA OKPor: Oscar Medina Gómez

Como su jefe John Jairo Torres Torres, ella también es cretina, incompetente, cínica, ambiciosa, mentirosa. Apenas algunos calificativos que le caben a la señora Luz Marina Cardozo, alcaldesa encargada de Yopal. Pero el que más se le ajusta a su persona –con piel, carne, huesos y alma- es deshonesta.

Sí. Lo es. Se prestó para un negocio sucio y repugnante. Un trato donde me dejan saborear las mieles del poder y de la plata, pero tengo la espada de Damocles sobre mi cuello. Hecho, muy seguramente, al amparo de la complicidad de la noche y sus sombras. Un pacto, una negociación sellada en un lugar escondido, con pocos testigos. Al estilo de las peligrosas bandas delincuenciales que azotan nuestras ciudades, cuando acuerdan secuestrar, extorsionar o sicariar a alguien.

¿Estuvo usted, Carlos Cárdenas Ortiz, exsenador y exsecretario Privado de la Cardozo, en ese convite de pervertidos de lo público? Se lo pregunto por la convicción y seguridad que transmitió ante una confundida opinión pública cuando, sin pestañear, aseguró que la carta donde la alcaldesa renunciaba ante el gobernador Alirio Barrera, era auténtica. Eso me sonó de usted a un “me lavo las manos, pero sigo destapando la olla podrida”. Créame señor honorable: nadie se comió su cuento flojo de “no soy testigo presencial ni intelectual de eso, pero eso ocurrió”. Horas antes la mandataria decía, primero, que esa carta era falsa. Luego, que no se acordaba de haberla firmado. ¡Cayó en su propia trampa!

Igual que la mayoría de los miembros de la bandola que se aferra al dinero y al poder que supone la Alcaldía de Yopal, usted es deshonesta doña Luz Marina. Cuando firmó esa renuncia anticipada por orden, indudablemente, del alcalde titular John Jairo Torres Torres –actualmente preso en la cárcel La Picota de Bogotá e investigado por los delitos de lavado de activos y enriquecimiento ilícito- su mente y su cuerpo gozaban a plenitud de todas sus facultades. Eso fue a finales de junio o a comienzos de julio pasados.

Nadie le tapó los ojos para que no leyera, ni le puso una pistola en la cabeza y un bolígrafo en la mano. Lo hizo voluntariamente, sin presiones y conocedora del delito que estaba cometiendo. Es de suponer que su peculiar dios –ese que su boca tanto aúlla las 24 horas del día-  le aconsejó que se prestara a ese tentador trato delincuencial, cuyo fin específico es manipular al antojo de unos cuantos el erario de la ciudad. Por no decir que robárselo.

Hoy, cuando sigue ejerciendo como alcaldesa encargada, ese dios la sigue manteniendo vivita y coleando. Con sus cinco sentidos funcionándole a la perfección. Paradójicamente, ese mismo dios sabio y justo le impide jugarle limpio a la gente. Al ritmo, cada día el desarrollo se esfuma y la calidad de vida de 200 mil personas se hunde más en un sumidero pestilente.

Aberrante también el descaro de un tal Juan Carlos Suárez, quien actúa como Asesor Jurídico de la Alcaldía de Yopal, y quien hoy es visto como hazmerreir y pésimo funcionario por los errados consejos que le da a su jefe. Este sujeto -no obstante que la ciudadanía ya conoce la verdad de este nuevo episodio de la tragedia de Yopal-, insiste en defender a la alcaldesa diciendo que la carta de renuncia se firmó cuando ella estaba “encargada” del puesto. Y ahora ella está “designada”, alega. Para él no hay delito alguno. Su defendida es inocente. Obvio. Bueno. Propio de todo abogado cuentista.

Frente a la desgracia político-administrativa y rapiña feroz de bajas ambiciones y pasiones que vive Yopal, reclamo con vehemencia la postura de los que yo llamo “adalides criollos de la justicia”. Excandidatos a la gobernación y a la alcaldía, congresistas, diputados, prestantes empresarios y comerciantes, directivos de gremios, sindicalistas, educadores. Nadie ha sido capaz de defender la ciudad. Ninguno ha levantado su voz para censurar las actuaciones delincuenciales de John Jairo Torres, Luz Marina Cardozo, sus secretarios, sus seguidores. Todos callan con complicidad. Al tiempo, el barco y sus pasajeros se van al fondo de las aguas.

¿Dónde están Carlos Fredy Mejía, Arsenio Sandoval, Lucho García, Nelson Mariño, Efrén Hernández, Marco Tulio Ruiz, Lilian Fernanda Salcedo, Helí Cala, Oscar Wilchez, Rodrigo Chaparro, Jacobo Rivera, Miguel Ángel Pérez, Camilo Abril Tarache, Alirio Guzmán, Jorge Prieto, Julio Ramos, Camilo Abril Jaimes?

Cada que se convoca a nuevas elecciones, muchos de estos personajes aparecen -ahí sí- con discursos salvadores, redentores para el sufrido pueblo. Copan todos los rincones de la geografía y horas del día con sus promesas libertadoras. Esta vez no se los ve. Han cerrado sus bocas. Parece que temen al exvendedor de calzones y sostenes femeninos. Ya por físico miedo. Ya porque tienen rabo de paja.

Adoptando la religión como profesión para delinquir, la mafia yopaleña de la politiquería, sigue apoderada de la ciudad. Aunque crudamente siempre ha sido así. Pero con otros protagonistas en el poder. Sólo que esta vez está llevando sus disputas a las calles y escenarios públicos. Como lo ocurrido hace unos días en el Hotel GHL cuando “Pocho” Torres, hermano de John Jairo Torres, intentó agredir físicamente a la alcaldesa Luz Marina Cardozo. Como diciéndole “el botín es nuestro. Devuélvanoslo”.

Sí. La prensa mordió el anzuelo y se comió entera la supuesta renuncia falsa. Faltó intuición, astucia, investigación, rigor profesional. Pero sólo los periodistas –ojalá fueran todos- estamos enfrentando a los bandidos. Como siempre. Digo yo.

*Periodista.

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