Ted Turner, el magnate de los medios de comunicación que protagonizó el panorama estadounidense de finales del siglo XX dominando la industria de la televisión por cable, creando el ciclo de noticias de 24 horas con la CNN y extendiendo su inquieto alcance a los deportes profesionales, el ecologismo y la filantropía, murió el miércoles en su casa cerca de Tallahassee, Florida. Tenía 87 años.
Phillip Evans, portavoz de la familia, confirmó el fallecimiento. Turner anunció en 2018 que padecía demencia por cuerpos de Lewy, un trastorno cerebral progresivo.
La creación emblemática de Turner fue la CNN —Cable News Network, o red de noticias por cable—, que revolucionó los informativos televisivos en 1980 al presentar noticias a todas horas del día e inspirar con el tiempo a otros medios de comunicación a seguir su ejemplo. Pero su cartera de proyectos empresariales contenía mucho más, y su impacto en la cultura estadounidense fue considerable.
Como escisión de CNN, Turner creó el canal CNN Headline News y CNN International. Fundó la “superemisora” de deportes y entretenimiento por cable y satélite que se conoció como TBS y engendró un canal hermano, TNT, que aún llega a millones de hogares.
En 1985, compró por 1500 millones de dólares la biblioteca de películas del estudio MGM y nueve años después creó la franquicia por cable Turner Classic Movies, o TCM. Hizo una compra similar de los dibujos animados de Hanna-Barbera y, apoyándose en ellos, creó el canal de caricaturas Cartoon Network en 1992. Y en 1996 fusionó su conglomerado, Turner Broadcasting System, con Time Warner para crear una de las empresas de medios de comunicación más grandes del mundo.
Por el camino, encontró tiempo y energía para capitanear el yate ganador de la regata de la Copa América en 1977 y para asumir un papel activo como propietario de los Atlanta Braves, equipo al que dio una amplia exposición nacional en las televisoras propiedad de Turner.
“Intento establecer el récord histórico de logros de una persona en una vida”, dijo al periodista Dale Van Atta en un artículo del Reader’s Digest en 1998. “Y eso te coloca en una compañía bastante grande: Alejandro Magno, Napoleón, Gandhi, Cristo, Mahoma, Buda, Washington, Roosevelt, Churchill”.
Ni siquiera sus más acérrimos admiradores colocaban a Turner en un pedestal tan alto. Pero incluso un rival implacable como el magnate de los medios de comunicación Rupert Murdoch —quien una vez hizo que su New York Post publicara el titular “¿Está loco Turner?”— tuvo que reconocer que era una de las figuras más influyentes de la historia de los medios masivos de comunicación.

Turner, empresario afincado en Atlanta, asumió riesgos asombrosos en los negocios, y en ocasiones se tambaleó al precipicio de la quiebra para después remontar el vuelo y multiplicar su fortuna.
En contra de los consejos de sus colegas y de la sabiduría convencional de sus pares del sector, invirtió millones de dólares en empresas pioneras que combinaban las emisiones por cable y por satélite. Se enfrentó a las grandes cadenas de televisión. Estuvo a punto de perderlo todo en Hollywood, pero emergió de estas apuestas y reyertas como multimillonario a horcajadas de un vasto imperio por cable de canales de noticias, deportes y entretenimiento.
Su vida personal también fue turbulenta. Sus tres matrimonios —el último, en 2001, con la oscarizada actriz Jane Fonda— se vieron a menudo sacudidos por sus abiertas muestras de infidelidad, su consumo excesivo de alcohol y su comportamiento grosero.
Turner, alto y delgado, con un rostro escarpado y bigotudo, era apodado “la Boca del Sur” por sus afirmaciones grandilocuentes y su reputación de proferir insultos gratuitos, y podía, no obstante, ser un hombre de gran encanto, cuyas meteduras de pata eran perdonadas una y otra vez por un público indulgente, que en gran parte lo consideraba una leyenda estadounidense viva.
La inclinación política de Turner era contradictoria y controvertida. Aunque afirmaba ser un republicano archiconservador con vínculos cercanos a los evangélicos cristianos y los miembros de extrema derecha de la Sociedad John Birch, también se hizo amigo del líder cubano Fidel Castro y defendió la conducta represiva del gobierno comunista chino.
En un extraordinario acto de filantropía, donó 1000 millones de dólares a las Naciones Unidas, organización aborrecida por los conservadores estadounidenses. Adoraba la caza, pero se convirtió en el preferido de los ecologistas cuando compró cientos de miles de hectáreas de tierras vírgenes y ranchos y los designó como reservas naturales. Se convirtió en el cuarto mayor terrateniente privado de Estados Unidos, con dos millones de acres (unas 800.000 hectáreas), además de vastas extensiones que poseía en Argentina y otros países.
La influencia de Turner fue más evidente en la forma en que su CNN transformó las noticias de la televisión al presentarlas las 24 horas del día con actualizaciones constantes, transmitiendo una sensación de inmediatez.
“Hoy en día, las noticias están disponibles cuando realmente suceden, no cuando conviene a las tres cadenas de televisión emitirlas”, escribieron Robert Goldberg y Gerald Jay Goldberg, padre e hijo, en su biografía de 1995, Citizen Turner: The Wild Rise of an American Tycoon. Ya fuera cubriendo la caída del Muro de Berlín, el aplastamiento del movimiento estudiantil chino en la plaza de Tiananmén o la guerra del golfo Pérsico de 1991, la CNN de Turner era el vehículo para ver la historia en ciernes.
“Aprendo más de la CNN que de la CIA”, se mencionó repetidamente que dijo el presidente George H. W. Bush en la época de la guerra.
El propio Turner afirmaba no estar terriblemente interesado en las noticias ni en ningún otro tipo de negocio. Lo que lo impulsaba era la emoción de la caza, no la presa. Como dijo a The New York Times: “Siempre he sido más un aventurero que un hombre de negocios”.






