En Boyacá no solo hay montañas, ruanas y pueblos de piedra. También hay historia escrita en roca. Y esta vez, la historia viene del fondo del mar… de hace 120 millones de años.
El Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP) confirmó un hallazgo que ya le está dando la vuelta al mundo científico: la preservación de piel fosilizada de un ictiosaurio, un reptil marino que nadó los océanos cuando los dinosaurios dominaban la Tierra. El descubrimiento se hizo en la formación Paja, en jurisdicción de Boyacá, y no tiene antecedentes en el norte de Suramérica.
No es cualquier fósil. No es solo hueso. Es piel. Tejido blando. Algo extremadamente raro y valioso para la ciencia.

“Este estudio reporta piel fosilizada de un ictiosaurio. Es un secreto del mar antiguo que la ciencia logra revelar”, explicó Juan de Dios Parra, gerente del CIP. Según el investigador, este hallazgo permite entender cómo era realmente el cuerpo de estos reptiles marinos, más allá de los esqueletos que suelen encontrarse.
El protagonista de esta historia es un Kyhytysuka sachicarum, una especie descubierta en Boyacá y hoy referencia mundial. El fósil fue preparado con lupa, paciencia y pulso fino en los laboratorios del CIP, en Villa de Leyva, donde desde hace más de una década se trabaja en silencio, sacando a la luz tesoros enterrados.

El análisis no fue improvisado. Participaron investigadores de Colombia, Alemania y Canadá, quienes confirmaron la preservación de microestructuras de la piel y rastros de proteínas mineralizadas, algo excepcional para fósiles del período Cretácico en zonas tropicales.
Este descubrimiento no llega solo. Se suma a una larga lista de aportes del CIP, que ya cuenta con más de 18 publicaciones científicas de impacto internacional, y con hallazgos únicos como la tortuga marina más antigua del mundo y huevos de tortuga fosilizados.
Boyacá, tierra que habla en piedra
El hallazgo refuerza el reconocimiento que la UNESCO otorgó a Boyacá hace dos años, al incluirla entre los 100 territorios con patrimonio geológico más importantes del planeta. Aquí, la tierra no solo se pisa: se lee.
Desde la Secretaría de Cultura y Patrimonio, el mensaje es claro. “Conservar este patrimonio no es un lujo, es una responsabilidad cultural y ética”, señaló Juliana Campuzano, arqueóloga de la entidad, al reafirmar el respaldo institucional a la investigación y divulgación científica.
El CIP dejó abierta la invitación. El fósil ya está en exhibición y puede ser visto por estudiantes, investigadores y ciudadanos curiosos. “La ciencia no solo se estudia, también se vive”, dijo Parra.
Y así, mientras muchos miran al cielo buscando respuestas, Boyacá las sigue encontrando bajo sus pies.
