La primera imagen que muchos guardan de Carlos Alberto del Corral Orrego no es la de un cargo ni la de un escritorio. Es la de un médico impecable, de bata blanca bien puesta, estetoscopio al cuello y una sonrisa tranquila que desarmaba miedos. Así atendió a mis hijos, así atendió a mi familia, así atendió a generaciones enteras en Yopal: con respeto, con paciencia, con esa elegancia silenciosa que no se aprende en la universidad.
Cuando un niño temblaba frente al consultorio, él no apresuraba la consulta. Se agachaba un poco, sonreía, hablaba bajito, hacía un chiste sencillo y, casi como un ritual, sacaba un pequeño comestible del cajón. El miedo se iba. La bata dejaba de asustar. La medicina empezaba a sanar antes del diagnóstico.
Por eso su muerte duele distinto.
La ciudad de Yopal y el departamento de Casanare viven horas de tristeza tras el fallecimiento del médico Carlos Alberto del Corral Orrego, ocurrido en la Clínica Reina Sofía de Bogotá, donde permanecía hospitalizado por complicaciones derivadas de una enfermedad pulmonar. La noticia se regó rápido, como se riegan las ausencias que pesan, y dejó un silencio espeso en salas de espera, consultorios y conversaciones cotidianas.
Del Corral Orrego era médico y cirujano de la Universidad de Caldas, con una formación académica amplia y rigurosa. Se especializó en Salud Ocupacional, Prevención de Riesgos Laborales, Gerencia del Control Interno y Auditoría Médica, Gerencia en Salud y Gerencia de Organizaciones en Salud, con estudios en la UPTC, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Corporación Universitaria Iberoamericana. Pero quienes lo conocieron saben que su verdadero título estaba en el trato humano.
Su historia profesional está profundamente ligada al Hospital de Yopal E.S.E., mucho antes de que el nombre Hospital Regional de la Orinoquía existiera. Inició su camino en 1988 como médico rural, luego fue médico de planta, coordinador de programas médicos especiales, médico director y, en 2001, designado gerente general del Hospital de Yopal E.S.E. Desde allí lideró la formulación y aprobación del proyecto que dejó lista la ejecución del hospital de segundo y tercer nivel, una de las decisiones más trascendentales para la salud del departamento.
Más adelante representó a Casanare en la junta de Coomeva y continuó su ejercicio como médico independiente. Fue uno de los creadores de Visionamos Salud, IPS con más de 30 años en el mercado. Y soy testigo que desde su consultorio particular no solo recetaba medicamentos: muchas veces ofrecía apoyo, orientación y atención a pacientes de escasos recursos, convencido de que la medicina también es un acto de justicia social.
Era un médico de los que llegaban temprano y se iban tarde. De saludo firme, mirada serena y palabras justas. De los que se sabían el nombre del paciente, la historia de la familia y el miedo que no se decía en voz alta. De los que entendían que sanar no siempre es curar, pero siempre es acompañar.
El alcalde de Yopal, Marco Tulio Ruiz, lo recordó como “un hombre de Dios” y “un doctor de la gente”, resaltando su capacidad para abrazar comunidades y dignificar a las personas desde el ejercicio médico. La Alcaldía de Yopal también lamentó su fallecimiento, destacándolo como uno de los primeros médicos del departamento y un pilar en la construcción del sistema de salud regional.
Hoy Casanare despide a un médico, sí, pero sobre todo a un ser humano excepcional. Uno de esos que no necesitan levantar la voz para dejar huella. Uno de esos que, incluso después de partir, siguen cuidando y sanando a sus pacientes desde la memoria.
Por eso lo digo: cuando un médico así se va, la bata queda colgada… pero su profesionalismo sigue caminando por los pasillos del hospital, por las salas de espera y por la vida de quienes alguna vez escucharon:
“Tranquilo, no le va a doler”.
Lo despido desde la gratitud. Atendió a mis hijos, a mi familia, y lo hizo con una humanidad que no se olvida. Hoy se va el médico, pero queda la sonrisa que calmaba, la palabra justa y la tranquilidad que regalaba sin hacer ruido. Hay personas que no se van del todo: se quedan viviendo en el corazón agradecido de quienes alguna vez confiamos en sus manos.
Wilson Durán Durán /Director Red Informativa Las Chivas Channel





