La discusión por el salario mínimo en Colombia para el 2027 arrancó con tintes de locura económica. Las recientes declaraciones del expresidente de la CUT, Fabio Arias, asegurando que los sindicatos van a pelear un aumento del 38,5% en la mesa de concertación, prendieron todas las alarmas en el sector productivo.
Según el dirigente gremial, dizque les «deben» 32 puntos para llegar a un salario mínimo vital. Pero mientras los sindicatos hacen cuentas alegres desde los escritorios, la realidad en las calles y en los anaqueles de los pequeños negocios es otra muy distinta.
Saquemos calculadora: ¿Cuánto cuesta realmente mantener un empleado?
En Colombia, contratar a un trabajador formal no se reduce solo al billete que se le entrega a fin de mes. Hay que sumarle el auxilio de transporte, las cesantías, la prima, los intereses, la caja de compensación, las vacaciones y los aportes a salud, pensión y ARL. La carga prestacional es una pesada mochila para cualquier empleador.
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Hoy en día: Un empleado con el mínimo le cuesta a una empresa un promedio de dos millones de pesos mensuales ya con todas las de la ley adentro.
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Con el capricho del 38,5%: El salario básico saltaría drásticamente, empujando el costo real por cada trabajador por encima de los dos millones setecientos mil pesos mensuales.
El mapa de la quiebra: pongamos el ejemplo de un negocio con 10 empleados
Pensemos en cualquier taller, cafetería, comercio o pequeña empresa de Boyacá, Casanare o cualquier región del país que subsiste con una nómina modesta de 10 trabajadores:
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Con el aumento propuesto por los sindicatos, el sobrecosto directo en la nómina se dispara en más de siete millones y medio de pesos adicionales cada mes.
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Estamos hablando de cargarle a una pequeña empresa cerca de 90 millones de pesos más al año solo en pagos laborales.
¿De dónde va a sacar una pyme ese dinero si su margen de ganancia real con las uñas llega al 10%? No hay mago que aguante semejante presión tributaria y salarial.
Las tres únicas salidas (y ninguna es buena)
Ante un incremento de esta magnitud, al empresario nacional solo le quedan tres caminos, y los tres son desastrosos:
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Cerrar la cortina: La quiebra técnica es inminente. Tiendas, restaurantes y pequeños fabricantes tendrán que liquidar porque las cuentas simplemente no dan.
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Despidos o informalidad: Para no irse a la quiebra, tocará echar mano de la mitad del personal o mandar a la gente a la informalidad total, sin salud ni pensión, destruyendo el empleo formal que tanto cuesta mantener.
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Inflación pura y dura: Subir los precios de los productos y servicios para medio equilibrar la caja, lo que desata una carestía brava que termina pulverizando el mismo poder adquisitivo que los sindicatos dicen defender.
Pretender imponer aumentos desconectados de la productividad real del país es jugar con candela. La gran pregunta que queda en el aire es si el aparato productivo colombiano va a aguantar este embate o si lo que estamos presenciando es la crónica anunciada de un tsunami de desempleo y cierres masivos.






