Colombia Justa y Libres le entregó el aval a Liliana Torres, una empresaria casanareña que se ha movido durante años entre causas sociales, trabajo comunitario y un carisma que, querámoslo o no, la pone en la conversación grande.
Y no llega sola: llega con apellido que pesa y asusta. Liliana es hermana de Jhon Jairo Torres, el polémico, controvertido y, para muchos, imparable exalcalde de Yopal, conocido en todo el llano como Jhon Calzones, el mismo que levantó la Ciudadela La Bendición, donde más de diez mil familias encontraron su techo propio. Ese nombre, para bien o para mal, hace temblar mesas, cambuches y comités políticos.
Con esta lista cerrada —voto no preferente— que ella encabeza, la dirigencia política de Casanare ya empezó a sudar frío, a mirar por encima del hombro y a caminar con más cuidado, porque al paso que va, y con el fervor popular que levanta, más de uno calcula que podría apuntarle a quedarse con las dos curules de Cámara. Y eso, en tierra donde el rumor corre más rápido que un caballo asustado, es un campanazo que no deja dormir a nadie.
A Liliana la acompañan el exconcejal Pedro Torres Ibarra, conocido como Pepino, y Melquisedec Tejada, líder del sur de Casanare. Una fórmula que, según algunos, es pólvora pura, y según otros, una amenaza directa al reacomodo tradicional que ciertos grupos creían asegurado.
Lo cierto es que esto ya se prendió.
Desde ya anuncian que el día de la inscripción será apoteósico, sin silencios, sin rodeos, sin esconderse y sin el miedo con el que otras colectividades —como la lista de Cambio Radical— llegaron hace poco a la Registraduría. Aquí, dicen sus seguidores, “no hay trote corto ni paso en falso”: van con toda y sin pedir permiso.
En Casanare, donde la política es recia, de palabra fuerte y mirada fija, la movida de Liliana Torres abre una temporada que promete de todo, menos calma.
Se puso bueno. Y apenas empieza.





