Se salvó el símbolo Mockus

Contra más de un pronóstico, el Consejo Nacional Electoral decidió ayer no revocar la inscripción como candidato de Antanas Mockus por presunta inhabilidad. Con ello, no sólo se salva la curul del segundo senador más votado del país, sino también queda intacto el símbolo de la pulcritud que es Mockus y la capacidad que en ese sentido tendrá para apoyar a su partido Verde en la consulta anticorrupción y en el control al uribismo desde el nuevo Congreso.

La decisión

La decisión final quedó 6 votos contra 2, en contra de la ponencia del magistrado Bernardo Franco (del Partido de La U), que pedía al organismo abstenerse de declarar la elección de Mockus porque supuestamente se inscribió inhabilitado, al haber intervenido en la gestión de un contrato público dentro de los seis meses anteriores a la fecha de las elecciones.

Los magistrados que salvaron el voto fueron Armando Novoa (de la Alianza Verde y el Polo), Yolima Carrillo (de Cambio Radical), Héctor Helí Rojas (liberal), Álex Vega (La U), Gloria Inés Gómez (conservadora) y Ángela Hernández (conservadora).

A favor de la ponencia sólo estuvieron el ponente Franco y Felipe García (del Centro Democrático). El único de los nueve magistrados que no votó fue el liberal Emiliano Rivera, ausente por un tema médico.

Ese resultado tras tres salas de intensas discusiones alrededor del documento que tenía 100 páginas sorprendió a más de uno por el carácter político del CNE, que suele funcionar como una extensión de las mayorías del Congreso, que desde ya se está alineando con el nuevo gobierno uribista en contra del cual hizo campaña Mockus.

Por lo anterior era fácil creer que la autoridad electoral se iba a inclinar por dejar al Exalcalde por fuera del Legislativo, y de hecho el primer indicador fue justamente la ponencia de Franco.

Además de eso, para que el Consejo Electoral tome una decisión deben estar de acuerdo seis de sus nueve magistrados, una súper mayoría que se obtiene difícilmente y que muchas veces obliga a llamar a conjueces para destrabar los asuntos.

Esta vez no fue así.

Lo que sí sucedió fue que, como suele pasar en casos tan mediáticos, el debate jurídico trascendió las paredes del CNE.

El debate

El debate jurídico estuvo centrado en si Mockus incumplió o no una parte del artículo 179 (numeral 3) de la Constitución, que establece que no podrán ser congresistas “quienes hayan intervenido en gestión de negocios ante entidades públicas, o en la celebración de contratos con ellas en interés propio, o en el de terceros, o hayan sido representantes legales de entidades que administren tributos o contribuciones parafiscales, dentro de los seis meses anteriores a la fecha de la elección”.

El proceso comenzó el 13 de marzo de este año (dos días después de las legislativas), tras la solicitud de revocatoria de inscripción a la candidatura de Mockus que hicieron los abogados, Víctor Velásquez Reyes y Eduardo Carmelo Padilla.

Velásquez fue congresista del viejo PIN y Padilla, como lo contamos en La Silla Caribe, es un abogado ceretano con amplia hoja de vida y claros intereses políticos, que entre otras cosas ha trabajado como procurador judicial administrativo de Villavicencio en la era de Alejandro Ordóñez (2010) y ha aspirado sin éxito a la Corte Constitucional, al Senado y al Concejo de Bogotá, estos dos últimos cargos en 2006 y 2007, respectivamente, por el desaparecido partido Alas Equipo Colombia.

Padilla, además, es una de las cabezas de la IPS Funtierra Rehabilitación IPS S.A.S., mencionada por la Contraloría y por la Procuraduría como supuesta receptora de pagos irregulares de terapias de neurodesarrollo por parte de la Gobernación de Córdoba.

A la solicitud de ellos se sumó un abogado llamado José Manuel Abuchaibe, quien dijo actuar como apoderado del partido Opción Ciudadana.

En su ponencia, el Magistrado Franco les dio la razón al señalar que Mockus está inhabilitado porque, en su concepto, sí intervino “en gestión de negocios ante entidades públicas” (como reza el artículo 179 de la Constitución), pues era el presidente de Corpovisionarios cuando esa entidad sin ánimo de lucro firmó un convenio, por casi 429 millones de pesos, con la Agencia de Cundinamarca para la Paz y el Posconflicto a fines del año pasado.

En el detalle, la ponencia indica asimismo que en dos documentos de preparación de dicho convenio quedó claro que la participación de Mockus en las actividades contratadas era uno de los motivos para suscribirlo. Y que incluso el Exalcalde era descrito como el coordinador general de la propuesta.

Para la defensa del Senador electo y para él mismo, no hubo ninguna intervención en “gestión de negocios” porque Mockus no participó activa ni personalmente en ninguna de las diligencias para obtener el convenio.

Además, el contrato lo suscribió el director de Corpovisionarios, Henry Murraín, a quien Mockus le delegó la representación legal de la ONG.

En un sentido parecido, magistrados que salvaron el voto, como por ejemplo Yolima Carrillo, argumentaron que no existen pruebas irrefutables para afirmar que existe la inhabilidad.

En medio del debate jurídico, se pronunciaron por redes y en medios juristas como Rodrigo Uprimny, quien aseguró que Mockus no está incurso en la inhabilidad que le atribuyen porque el Consejo de Estado ha dicho que la participación en la ejecución de un contrato no inhabilita, pues la inhabilidad se refiere a la negociación y no hay prueba de que Mockus haya tenido intervención directa en ésta.

Desde una orilla contraria, horas antes de la votación de ayer, cinco penalistas reconocidos y, algunos, afectos al uribismo (Iván Cancino, Francisco Bernate, Abelardo de la Espriella, Daniel Peñarredonda y Karen Juris) dieron a conocer una carta en la que le pedían al CNE abstenerse de declarar la elección de Mockus porque, para ellos, la inhabilidad está debidamente probada y el Exalcalde sí participó en las diligencias precontractuales.

Y también se oyeron voces de aliados de Mockus, como la del senador verde Antonio Navarro, que aseguraban que, al haberse dado la elección y no tratarse de un órgano judicial, el CNE no tenía competencia para ‘tumbar’ al congresista entrante.

En los próximos días, la magistrada que sigue en orden alfabético después del ponente Franco, Gloria Inés Gómez, deberá preparar una nueva ponencia en sentido contrario a la que perdió ayer y citar a audiencia de toma de decisión para que se vuelva a votar.

En cualquier caso, esta decisión podría no ser definitiva porque, como el Consejo Electoral no es un juez, sus decisiones se pueden demandar ante el Consejo de Estado, como las de cualquier otra entidad pública que no sea judicial. Y posiblemente así lo harán quienes pidieron revocar la inscripción de Mockus.

Aunque por ahora, el Exalcalde se salva y, con ello, todo lo que él significa.

Las (no) consecuencias

Si el CNE hubiese decidido abstenerse de declarar la elección de Antanas Mockus, con seguridad el Exalcalde no habría dejado de ser para muchos el símbolo de la pulcritud, de la honradez y de la transparencia que es hoy.

De hecho, si eso hubiera pasado, hoy estarían sonando con fuerza voces acusando al Consejo Electoral de politizado y destacando a Mockus como una víctima de esa politización.

Sin embargo, que lo inhabilitaran también habría sido demoledor para su partido, el Verde.

Aunque los verdes no habrían perdido la curul, para empezar, ese hecho les habría dado municiones a sus contradictores en el nuevo Congreso, es decir, los uribistas, que tendrían en ese fallo el recorderis eterno de un lunar en la historia del político que ha hecho su carrera sobre la idea de que no hay que tomar atajos y de que lo público es sagrado.

Antes del escenario en el legislativo, es posible incluso que el golpe a la curul de Mockus hubiera afectado la campaña de la consulta anticorrupción, que se votará a fines de agosto y lideran los verdes, pues los contradictores de la misma habrían podido encontrar en el tema de la inhabilidad un argumento para intentar deslegitimar a los líderes de esa votación.

Con la decisión de ayer se mantiene intacto el símbolo Mockus.

Lo estará tanto para la campaña de la consulta (que en todo caso la tiene cuesta arriba con los 12 millones de votos que necesita) como para los debates y las pelas -especialmente en los temas de corrupción y paz- de los verdes en el Congreso, en donde su sola presencia inspirará respeto.

LA SILLA VACIA

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