Las emociones que mueven el voto de centro

Iván Duque y Gustavo Petro definen la Presidencia este 17 de junio

Hay más de seis millones de personas que no votaron ni por Gustavo Petro ni por Iván Duque en primera vuelta y que ahora están entre uno de los dos o el voto en blanco.

LA SILLA VACIA

Luego de hablar con 37 fuentes de ese electorado de centro en las regiones que cubrimos (Caribe, Santanderes, Pacífico, Sur, Bogotá y Antioquia), encontramos que 20 de ellas votarán ahora por Petro, 11 por Duque y 6 en blanco.  Las emociones que más priman para decidir su voto en segunda son el miedo a Petro o al regreso del uribismo; la idea de que ambos son malos pero toca elegir entre un mal menor; o la idea de que ninguno los representa y hay que votar en blanco, bajo el argumento de que así no tenga ningún efecto jurídico, lo coherente es no irse por ningún extremo.

El miedo al regreso del uribismo y el Acuerdo de paz

Doce de las fuentes con las que hablamos para esta historia nos dijeron que la principal emoción que mueve su voto por Petro o en blanco es el antiuribismo.

“Sé que no votaré por Duque porque será un gobierno más de Uribe y aún si resultara volteado como Santos, no me inspira confianza”, nos dijo Carlos Buitrago, un periodista de Bucaramanga que había votado por Fajardo. “Estoy indeciso entre el voto en blanco y Petro aunque sin duda la decisión de Claudia y Mockus de irse con Petro le dan la seguridad que nos faltaba a muchos, sobre todo por esos puntos que firmaron”.

La adhesión de los verdes también convenció a María Vargas, una ama de casa de Urabá: “Claudia fue la única que nos defendió aquí en Urabá con los peajes. Es una mujer muy guerrera. Si ella -que es la que sabe, la que ha venido a abogar por nosotros aquí- decidió irse por Petro, y su pareja (Angélica Lozano) también, las apoyaría y votaría por Petro”, nos dijo.

“Me definí por Petro porque siento profunda admiración por Claudia López y Antanas Mockus y así como ellos me dieron la confianza de votar por Fajardo en primera vuelta, hoy me renovaron la  que ya me había resignado a guardar otros cuatro años”, nos dijo en la misma línea una artista de Bucaramanga.

“Voto por Petro fundamentalmente en contra de Duque”, nos dijo también Sandra Orostegui, una profesora universitaria  que votó por De La Calle. “Petro no fue ni es mi candidato del todo pero pues yo estoy completamente en contra de que regrese el uribismo al poder”.

Igual les pasa a Claudia Castro, una asistente administrativa de una microempresa en Medellín y a su esposo. Ambos votaron por Fajardo, pero ahora ambos van con Petro porque “es un voto contra Uribe. No veo otra opción fuera de Petro, porque si voto en blanco le estaría dejando la decisión a otros de escoger gobernante”, nos dijo ella.

“El domingo a las cinco de la tarde ya sabía que iba a votar por Petro. La decisión tiene que ver un poco con el antiuribismo y con que este país necesita un cambio”, nos dijo el también profesor Enrique Mendoza.

“Nada puede ser peor que un gobierno sin contrapesos como sería el de Duque”, nos dijo Laura Ruiz, una abogada de Bucaramanga.

También están los que en su antiuribismo, creen que Duque los va llevar al pasado.

Así lo cree Pedro Hernández, un estudiante de Filosofía de Bogotá. “Voy a votar por Petro porque me cae muy mal Álvaro Uribe Vélez.  Además hay cosas del gobierno de Duque que no me gustan. Por ejemplo, la prohibición de la dosis mínima. Eso representa una visión antigua de la sociedad”.

Para salvar el Acuerdo

Otros decantan su voto por Petro porque el eje de su decisión es el Acuerdo de La Habana y lo ven a él como el que puede mantenerlo tal y como está.

“No me gusta Gustavo Petro, pero hay una razón poderosa para no mantenerme neutral ante un escenario complejo pero histórico que demanda definición y no permite matices: los Acuerdos de paz. Yo prefiero contarle errores a Petro que falsos positivos a Álvaro Uribe Vélez”, nos dijo Juan Diego Perdomo, un columnista cartagenero que votó por De la Calle.

“Apoyar a Petro es tener coherencia con el proceso de paz y con el respeto a las libertades individuales”, nos dijo también Jorge Buitrago, un estudiante en el Pacífico. “El voto en blanco es entregarle la silla al uribismo. Votaré por Petro porque hay que apoyar el tema de la paz, ya se ha derramado mucha sangre en el país”, cree Jhon Jairo Calderón, que trabaja como asesor comercial en una empresa.

El miedo a Petro

Para otras siete fuentes con las que hablamos lo mejor es apostarle a Duque porque temen que con Petro Colombia se vuelva como Venezuela o que se expropie a la gente.

“Es verdad que el Centro Democrático representa la política pura, pero Petro también, y el hecho de que haya una probabilidad mínima de que podamos quedar como Venezuela o que nos puedan expropiar, me da suficientes razones para no votar por él”, dice Ricardo Ángel, un abogado que tiene una firma con su familia en Medellín.

“Yo voto por Duque porque me toca, porque por nada del mundo votaría por Petro”, dice Lina Morales, una empresaria bogotana.

También porque desconfían de sus movidas al centro, diciendo que ya no hará una asamblea nacional constituyente como inicialmente dijo que lo haría.

“Para mí esos cambios en su discurso no son más que la muestra de lo que será si gobierna y a eso le temo. Que no va a cumplir lo que dice y que va a cambiar de opinión cuando le convenga”, opina Luz Marina Falla, una empresaria huilense de 60 años.

O también porque dicen que incita un discurso de odio.

“No voy a votar por Petro porque en sus últimas alocuciones habla solo de polarizar y dividir, habla de latifundistas, ricos, pobres”, nos dijo un periodista que cubre política que en primera votó por Vargas. “Es un discurso de división que no le ayuda al país. Los que piensan distinto a él son mafiosos, delincuentes y él es una santa paloma. Duque tiene un discurso propio, que no es un discurso de odio. Eso ayuda muchísimo para que yo tome la decisión de votar por él”.

El uribismo 2.0

Más allá del miedo como emoción para irse por uno u otro, hay algunos que votaron por Fajardo que prefieren a Duque porque lo ven como un candidato joven, que ha tenido una carrera profesional exitosa y que al no tener un pasado en la política, está libre de cuestionamientos.

“Él tiene buenas propuestas para el medio ambiente y para la creación de empresa con la economía naranja, además es joven. Si no se deja contaminar por la politiquería, puede ser un buen gobernante, así esté mal rodeado con gente que no me gusta como Viviane Morales o como Ordóñez”, nos dijo Ricardo Angel, un abogado paisa.

“Soy fajardista y votaré por Iván Duque y Marta Lucía Ramírez. Fundamentalmente porque: 1) me genera confianza como profesional y como persona, lo conozco bien en ambiente de trabajo, 2) sabe que el problema central de Colombia es la desigualdad en educación, salud, ingresos, oportunidades, 3) ubicará la innovación social en lo más alto de la política pública, 4) tiene el talante y el carácter para gobernar de manera independiente y así unir al país. 5) no acabará el proceso de paz”, nos dijo el empresario barranquillero Samuel Azout, creador de la fundación Fútbol con Corazón.

“Duque me parece sensato, claro, libre de cuestionamientos”, nos dijo el gerente de una empresa de marketing en Medellín.

El mal menor

Otros creen que tanto Duque como Petro son malos, pero consideran que votar en blanco no cambia nada y apelan al argumento del mal menor.

Para los que votan por Petro bajo esta lógica de que igual toca votar por alguno, el argumento que prima es que el de Duque sería un gobierno con el congreso arrodillado y sin contrapesos.

“Petro es un presidente al que se le puede hacer control político. Duque tiene ya a todo el Congreso y Uribe tiene mucho poder en las Cortes, por lo que no habrá quien lo controle”, nos dijo un abogado huilense.

“La verdad, ninguno de los dos candidatos es muy bueno, pero los riesgos que implica un candidato son menores que los que implica el otro”, cree Simón Peña, un estudiante de sexto semestre de derecho de la Universidad Icesi de Cali. “Si gana Duque es un problema para el balance de los poderes del Estado porque va a tener el apoyo de todo el Congreso, eso le da al uribismo el control sobre dos ramas del poder. Adicionalmente quiere hacer una reforma a la justicia para que los congresistas elijan los integrantes de la rama judicial y eso llevaría a que ellos controlen los tres poderes del Estado”.

En cambio, los que se van por Duque bajo esta lógica creen que desde que ha moderado su discurso, sobre todo en lo que tiene que ver con sus propuestas para la justicia, no pone en riesgo a las instituciones como sí creen que lo hace Petro.

“Voté en primera vuelta por Vargas y en segunda vuelta votaré por Duque. Una vez que el candidato aclaró que su propuesta de reforma a la justicia no implica suprimir la tutela o las funciones de las altas cortes, queda claro que es el candidato que representa un menor riesgo para la estabilidad de las instituciones”, dice Francisco Gnecco, abogado bogotano experto en asuntos públicos.

El blanco como apuesta simbólica

Y también están los que a pesar de las recientes adhesiones e intentos de ambos candidatos por seducir el voto de centro, se mantienen en el blanco. De las 40 fuentes que consultamos, 12 consideran que irse por Petro o Duque es elegir entre dos extremos que le hacen daño al país.

Así piensa Clara Sabogal, una abogada bogotana. “Siento que la adhesión de Claudia a Petro borra la fórmula innovadora de ella con Fajardo y simplemente refuerza mi decisión de que no estoy con los extremos”.

“Me siento burlada y con esto no votaría por ella (López) si se lanza a la alcaldía de Bogotá. Creo que varios de los que votaron por Mockus al Senado también estarán muy desilusionados. Ahora sí me gusta más Fajardo. Por lo menos fue coherente con lo que dijo e hizo”, dice Catalina Prieto, también abogada.

“Hay muchas cosas que no me convencen de Petro como su programa económico, su forma de relacionarse con la política, su irrespeto por las instituciones y su admiración por un proyecto que fracasó como el venezolano. Eso no lo desdibuja ni Mockus ni Claudia para mi. Sigo en blanco”, dice un economista de los Andes.

Más allá de lo de Mockus y Claudia, otros creen que es un error votar con miedo y que aunque el país necesita un cambio, ninguno de los dos propone un cambio bueno.

“Ambos representan la antítesis de lo que Fajardo quería transmitir. Creo que no tengo que votar por miedo y por eso no me veo representado en ninguno de los dos” dice Camilo Alejandro Alfonso, que hacía parte de Jóvenes con Fajardo en el Valle.

“Sigo firme con mi decisión en blanco porque obviamente yo también quiero un cambio pero no con las dos personas que están ahí, ninguna me representa. Entonces digo que mi voto sigue firme en blanco”, dice Laura Vanegas, licenciada en Educación Física de Antioquia.

“Petro ya demostró que carece de toda capacidad de coordinar equipos y ejecutar, lo que sería fatal incluso para la implementación del Acuerdo de Paz. Y votar por Duque sería reivindicar políticamente el proyecto del uribismo con sus chuzadas y falsos positivos. El voto en blanco le diría al que gane que hay todo un país que los estará controlando”, dice otra de las consultadas.

En general, lo que los mueve es la idea de que aunque el blanco no tendrá ningún efecto jurídico, sí puede tener un efecto simbólico al mostrar que hay una parte del país que ninguno logró convencer.

“Prefiero el blanco, que es la decisión de Fajardo, Robledo y tantos otros fajardistas, y enviar un mensaje de que en el centro quedamos inconformes con las opciones de segunda vuelta”, nos dijo un estudiante caleño. “Voy por el blanco porque creo que, así no tenga efecto, esa opción también sienta una posición. La posición de quienes no queremos elegir entre dos caminos desastrosos”, piensa un periodista costeño.

Si estas emociones son representativas de la población que votó por De la Calle, Fajardo y Vargas, y se mantienen igual durante esta semana, esto significaría que de los 6,5 millones de votos que están en juego 3,5 millones se iría para Petro, 1,8 millones para Duque y un millón para el blanco.

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