«Hay que lanzarse a la red para seguir aprendiendo»

Ana Bernal

La conexión a internet mediante los móviles está transformando nuestra manera de comunicarnos y de informarnos. Las aplicaciones, hoy en día ya imprescindibles, abren nuevas puertas de expresión y difusión al periodismo.

Para poder saber más sobre esta revolución tecnológica hablamos con la doctora Ana Isabel Bernal Triviño, periodista, investigadora de medios digitales y profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. Bernal, periodista en eldiario.es y publico.es, también es autora del libro Herramientas digitales para periodistas, publicado por la Editorial UOC, en el que ofrece información práctica para profesionales en activo y estudiantes de comunicación.

Es autora del libro Herramientas digitales para periodistas. ¿Por qué decidió escribir un libro sobre este tema?

El proyecto del libro surgió a raíz de mi labor como investigadora, que, desde mi tesis doctoral, ha estado relacionada con la innovación, con una perspectiva más tecnológica de la transición del papel al web, con el estudio del diseño web, etcétera. Lo que me animó a profundizar en esto fue un teléfono inteligente que me regalaron. Me descargué muchas aplicaciones, entre ellas Twitter. Gracias a esta red social, empecé a estar en contacto con páginas sobre periodismo y tecnología, y comencé a conocer algunas herramientas.

La gran mayoría de estas páginas eran extranjeras, así que creí que había una necesidad por cubrir. Así es como, finalmente, planteé a la editorial de la UOC hacer un libro sobre herramientas. Se trata de información de gran utilidad para todos los profesionales, no solo para estudiantes. Muchas de estas herramientas ayudan a mejorar las narrativas y, al mismo tiempo, propician un ahorro de costes, así que son muy prácticas y útiles para las nuevas iniciativas emprendedoras dentro del periodismo.

Estamos viviendo una época de cambios en la profesión periodística, en la que la tecnología desempeña un papel clave. ¿Cómo pueden las tecnologías ayudar a ejercer el periodismo?

No hay que olvidar que el periodismo nunca se ha podido ejercer sin tecnologías; de hecho, la misma imprenta era una tecnología, como lo son la radio o la televisión. Actualmente estamos en otro proceso, en el que incluso podemos hablar de microtecnologías cuando nos referimos a las propias aplicaciones. Estas microtecnologías nos permiten trabajar, de manera independiente, audio y vídeo para crear narrativas multimedia. Sí que es cierto que nos encontramos ante una época de cambios, pero como cualquier otra. Lo que sucede actualmente es que existen muchas más novedades y frentes, pero en sí la historia del periodismo nunca se ha comprendido sin tecnología.

En el prólogo de su libro afirma que las tecnologías son «aliadas del periodismo riguroso y transparente que la sociedad demanda». ¿Es necesario recordar el rigor como valor porque el uso de tecnología está cambiando la manera de hacer periodismo?

El rigor es necesario recordarlo siempre. Dejando a un lado el uso de la tecnología, lo que quiero dejar siempre claro es que la tecnología por sí sola no va a salvar el periodismo. El rigor hace referencia a un código ético y este muchas veces se nubla o se borra. En ese sentido soy un poco Pepito Grillo y siempre me gusta recordar cuál es la esencia de la profesión, independientemente del canal tecnológico que se quiera utilizar. De hecho, ahora podemos hacer un periodismo más riguroso y más transparente gracias a las posibilidades que nos brinda la tecnología. Las réplicas, en el caso de las redes sociales, son mucho más inmediatas, por ejemplo. Si se hace periodismo móvil mediante una aplicación como Vine[deia “con” en comptes de “como”, però deu ser equivocació, perquè Vine ja és una aplicación], se pueden denunciar ataques en una manifestación, como sucedió en Ferguson.

En ocasiones, algunos medios prefieren ser los primeros antes que contrastar y verificar los datos que están difundiendo. ¿La inmediatez es uno de los males endémicos de esta nueva generación de periodismo?

Obviamente, la inmediatez nos puede jugar malas pasadas, porque todos quieren ser el primero en publicar algo, aunque creo que todo el mundo ha aprendido de eso mucho. No hay que pensar que las redes sociales provocan situaciones de este tipo, porque esto forma parte de otro de los pilares del periodismo, el de la ética periodística.

El fundamento periodístico y el modo de desarrollar la profesión dependen del periodista, de los medios y de la imagen que quieras proyectar, no solo de la tecnología. Todo el mundo en Twitter, incluso un ciudadano, puede dar una noticia de última hora, pero la clave va a estar en la contextualización. La radio era pura inmediatez, la televisión también. Un ejemplo lo tenemos con El País, cuando publicó la imagen de Hugo Chávez fallecido cuando aún no había muerto. Es prensa escrita, así que tuvieron tiempo de contrastar la información.

Esto demuestra que la culpa no recae tanto en la aparición de las tecnologías y de este nuevo periodismo como en los fundamentos, rutinas e intereses de la profesión. Me molestan mucho los debates en los que se satanizan las tecnologías. No se trata de demonizar ni de sacralizar. Se trata, solo, de asumir que la tecnología siempre estuvo vinculada a nuestra profesión y que siempre, como otros modos de producción, condiciona nuestro trabajo y nuestra relación con la sociedad.

En su opinión, ¿el llamado «periodismo ciudadano» perjudica o beneficia al periodismo hecho por profesionales?

Este es un concepto que a mí no me gusta demasiado, pero sobre el que todo el mundo habla. Me gustaría aclarar que hay muchas profesiones en las que no se utiliza el concepto «ciudadano». Si arreglo el fregadero de mi casa, no me llamo «fontanera ciudadana», por ejemplo. Si cocino todos los días, no soy «cocinera ciudadana». Ahora nos podemos nutrir de una manera muy efectiva de testimonios, de localizaciones, de la presencia del ciudadano donde suceden hechos. Es decir, ahora es de una manera más rápida, y con un dispositivo móvil se puede registrar lo que ocurre[una mica canviat, perquè no lligava]. Pero antes, sobre todo en la radio (y radios locales), se abrían los micrófonos a los oyentes y daban datos, o incluso eran testigos de hechos que ayudaban a ampliar un enfoque.

Cuando yo trabajaba en la televisión, como productora, me llamaban ciudadanos para ofrecerme hechos. Y, como siempre, estos canales nos pueden beneficiar, pero debemos ejercer siempre nuestro deber como periodistas y comprobar la veracidad de la información. El problema está en que los medios se rindieron, en muchos casos, al poder financiero. Solo hay que ver la calificación que obtiene la prensa en el CIS. Eso ha provocado iniciativas ciudadanas de creación de medios y plataformas regidas por sus criterios y con agendas diferentes, como medios comunitarios. Pero eso son estructuras diferentes.

Los nuevos formatos se están imponiendo, conviviendo con un periodismo más tradicional. ¿Cómo han cambiado las tecnologías nuestra manera de consumir la información?

El teléfono móvil, junto con las redes sociales, permite que estemos en una constante actualización de la información. Están cambiando horas de consumo y de acceso a la información porque existe una exposición continua. Antes se dependía de los ciclos informativos de los medios y ahora somos nosotros los que tenemos la capacidad de decidir cuándo nos queremos informar.

Todos los días, mediante nuestros móviles y de otros dispositivos con los que nos conectamos a internet, accedemos a toneladas de información. ¿Uno de los grandes retos del periodista es captar la atención del lector ante esta marea de contenidos?

Sin duda, y creo que lo que más llama la atención es la información viral. Aquí tienen un papel destacado los vídeos, presentados como microcápsulas, con ediciones de rótulos, y que son muy atractivos; también presentaciones como las que hace la plataforma Atavist, a través de lo que se conoce como periodismo lento (slow journalism)[forma castellana documentada], o como aquella presentación de Snow Fall en The New York Times. Muchas veces, el gran reto del periodista es captar la atención del lector, pero no mediante el uso de la tecnología ni de la estética sino a partir del contenido, de la historia, que es lo que al fin y al cabo vale. Lo bueno es que ahora podemos enfocar una información desde diferentes puntos de vista y con diferentes recursos y formatos.

¿Las redes sociales son un arma de doble filo al hacer información y también al consumirla?

Hace poco, en el UOCMeet, hablábamos sobre la información que se recibe desde las redes sociales. Todo depende de la fuente. Tienes que validar, hacer listas en Twitter y, de esa manera, filtrar tus fuentes de referencia. Aun así, a veces nos da más miedo recibir una fuente ciudadana solo porque en el periodismo nos hemos habituado demasiado a la nota de prensa y a no contrastar. Precisamente, creo que parte de la crisis actual se debe a que hemos sido unos autómatas reproductores de notas de prensa sin contrastar. Claramente, en mi opinión, lo que verdaderamente es un arma de doble filo es el «copia y pega». A las redes sociales solo les veo ventajas a la hora de confeccionar una información.

Acabo de escribir un artículo de investigación que se va a publicar en un libro de la doctora Elvira García de Torres, especialista en estos temas, en el que analizo el desarrollo de géneros periodísticos en las redes sociales y, en concreto, en Twitter. Hablo de géneros informativos gráficos, aunque también los hay puramente textuales. Es todo un cauce, sobre todo de experimentación. Estamos en un momento en el que hay que lanzarse a la red, probar y tener ese arrojo para seguir aprendiendo.

Muchos de los periodistas que ahora se licencian son personas que han convivido con este tipo de tecnología desde su adolescencia —y los profesionales del futuro serán completamente nativos—, pero actualmente aún conviven los periodistas de la vieja escuela con los nuevos. ¿Se trata de un choque de trenes o ambas partes se pueden beneficiar?

Es cierto que me encuentro a personas con esa actitud, pero también me encuentro a jóvenes, entre mis propios alumnos, de treinta a cuarenta años, que son reacios a las nuevas tecnologías. Y luego me encuentro a periodistas, algunas amigas mías, como Rosa María Artal o Maruja Torres, que son todo lo contrario. Quedé un día con Maruja Torres y lo primero que me preguntó fue con qué herramientas podía grabar con el móvil. Por su parte, Rosa María Artal me comentaba lo que significó para ella abrirse un blog o estar en Twitter, la proyección, el desarrollo de la imagen de marca como periodista que le había supuesto. Creo que más que un choque de trenes es totalmente lo contrario. Es una cuestión de actitud, de querer seguir aprendiendo. En esta profesión aprendemos todos de todos. Es fundamental.

La UOC es una universidad puntera tecnológicamente y también como modelo educativo. Uno de sus pilares es la formación a lo largo de la vida. ¿Los periodistas también deben apostar por este tipo de formación?

Sí, por supuesto. En mi caso, nunca pensé que al terminar la carrera iba a saber de periodismo, pero es que eso sucede en cualquier profesión. La sociedad evoluciona y todo evoluciona, así que debemos ir asumiendo esos cambios para adaptarlos a nuestro trabajo. Quien piense que con una fase de estudio ha culminado su formación está equivocado. La formación continua y estar abiertos al nuevo conocimiento deberían ser nuestras metas. Hace tiempo leí una entrevista de una directiva de prensa nacional, y decía que era muy triste acabar una carrera y pensar que te vas a tener que seguir formando. En cambio, yo veo a profesores emprendiendo aulas educativas virtuales, médicos adaptando innovaciones tecnológicas en el ámbito quirúrgico o del diagnóstico, per exemple, y se asume como algo normal. Mientras que en el periodismo, como es una profesión que muchas veces no exige ni el título para ejercer, siempre que se presenta el tema de la formación surge el debate. Es otro de los males de nuestro campo. Somos especiales también en esto. Además, universidades como la UOC, con la docencia en línea, permiten que adaptes la enseñanza a tus horarios y necesidades, no al revés.

Siendo una experta en la materia, ¿cómo ve el futuro del periodismo? ¿Los nuevos formatos acabarán con el periodismo tal y como lo entendemos ahora o habrá una convivencia de formatos?

Este tipo de cuestiones son más para aquellos que se creen gurús. Esa actitud no va conmigo, porque asumir ese rol en todo esto es un poco peliagudo, es como estar en la cuerda floja. Lo único que percibo con mayor evidencia científica es la relación entre periodismo y móvil. Aun así, no sé hasta qué punto alguno de estos formatos, en un plazo de diez años, podrá crear una nueva dinámica, como el periodismo inmersivo. De todas formas, con el periodismo no ha acabado ninguna tecnología; tampoco la televisión acabó con la radio. La tecnología evoluciona, pero la esencia del periodismo siempre estará ahí. A mi entender, la renovación más amplia del periodismo vendrá cuanto más volvamos a estar en contacto con nuestra esencia, a estar en la calle, a estar en contacto con el ciudadano, a dar respuesta a sus necesidades, a denunciar lo que él vive, porque, si no somos sus altavoces, esta profesión no merece la pena para nada, o por lo menos yo lo tengo entendido así. Un periodismo al servicio del poder no es periodismo.

¿Qué consejos daría a los periodistas recién licenciados para hacerse un hueco en un mercado tan competitivo?

Muchas veces, cuando termino mis conferencias, hago referencia a Kapuściński, cuando decía que «las malas personas no pueden ser buenos periodistas», y creo que algo tan sencillo lo resume todo. Aparte de esto, dependerá mucho de cómo sea cada uno como individuo. Yo solo puedo hablar por mi experiencia personal, y lo cierto es que para llegar a donde estoy he tenido que luchar y tener muchísima constancia, sin contactos ni apellidos ni padrinos. Todos aquellos que no vivan en las grandes provincias deben ir con la mentalidad de que trabajar como autónomo será casi la salida más evidente. Es un marco muy competitivo, donde quien mejor se posicione será el que tenga mejores recursos y la capacidad de localizar buenas historias. Los periodistas autónomos deberían hacer visible y válido su trabajo. Tenemos algo y es que nos convertimos en luchadores. La incertidumbre nos hace tener más arrojo. En mi caso, lo que más agradezco es que trabajo con historias que quiero hacer, hablo sobre personas que quiero entrevistar, porque creo que tienen un mensaje que compartir con la gente. Creo que eso es lo más bonito que podemos tener los trabajadores autónomos cuando reseñamos nuestro trabajo. Lo que falla es la visión empresarial que nos ofrecen a los autónomos y eso es lo que a veces desanima, pero esto es una carrera de fondo. Y en ese sentido algo que nos queda siempre es no dejar de formarnos, que nunca sea una excusa no haber llegado a un sitio porque nos faltaba formación o conocimiento.

FUENTE UOC

 

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